¿Es necesario el Mal para auto-definirnos?

Mi Tesina sobre Dostoievski-Nietzsche:

                                                       
Seminario de Tesina

Temas: La soberanía de la individualidad en el Súper-Hombre de Nietzsche ante la crisis de la conciencia en el personaje de Raskólniknov de Fiódor Dostoievski. 

Título: Ejemplificación del súper-hombre en Raskólnikov.  

INTRODUCCIÓN

He aquí el dilema filosófico de la modernidad en relación al concepto de conciencia. Se plantea un individuo soberano que supere el valor moral y la verdad, visto como un modelo de autenticidad a expensas de la culpa y de su moralidad; resulta así en la figura del súper-hombre nietzscheano como ideal para sobreponerse al desencanto histórico, a la pérdida de sentido, y sobre todo, a la muerte de Dios. 

Enfrentado ese individuo de su nihilismo en su condición: el súper-hombre tiene la opción de re-crearse, aun con implicaciones riesgosas, las cuales re-afirman la naturaleza del súper-hombre en relación a la muerte de Dios; encontramos a un ser que se auto-destruye y, simultáneamente, se re-afirma en su esencia personal. Este modelo del súper-hombre y la crisis personal, en su dicotomía nos lleva a suponer que el individuo tiene la única opción de continuar su camino sin un retorno evidente que lo lleve a una salvación predeterminada de sí mismo.

Ésta supone un camino en su vida que está lejos de resoluciones temporales. ¿Será que Dostoievski propone un ser humano cuyo camino sólo ofrece extremos en su soledad interna? Este problematización narrativa lo presenta Dostoievski en su obra Crimen y Castigo ejemplificado en Raskólnikov, cuyas acciones aportan interrogantes que reflejan dilemas concretos desde un ángulo filosófico asumido desde la literatura. Ahora bien, surgen interrogantes como: ¿Será el mal lo que conduce al súper-hombre a originarse? De ser así, ¿sería posible disolver la cohesión entre la conciencia y el mal? ¿Podríamos pensar en un principio identitario del súper-hombre en ausencia de Dios? De suceder esto, ¿qué sucedería con la humanidad del otro en esta afirmación del súper-hombre?

Es por esto, que la obra seleccionada resulta el ejemplo y base perfecta para argumentar mi posición en torno a la elección. El tema final son las relaciones humanas y su compleja estructura, y para ello comenzaré con el primer paso que las conforma: la individualidad personal, algo que forma parte crucial de nuestra vida cotidiana, que se complejiza todo el tiempo.

Así pues, en una época de crisis donde no hay cabida para miradas al cielo que se erige sobre nosotros día a día desde el principio de los tiempos, llega Friedrich Nietzsche a expresar sus ideas, sus verdades, a tratar de hacernos ver el error en que hemos caído como sociedad deseosa de tener algo a lo cual aferrarse. Es doloroso cuando tenemos dentro de nosotros verdades que aparentan ser inherentes, pero cuando llega una mano a arrancarla como goma de nuestro interior, de nuestro ser, nos duele evidentemente.

            Como un puñetazo en pleno rostro, nos tambaleamos perdiendo el equilibrio personal y emocional de manera efímera. Aquel golpe de verdad se nos revela como una verdad prohibida, quizá exagerada, pero que viene acompañada de fundamentos tan sólidos que nos hacen dudar por un solo momento, hasta en lo más recóndito de nuestro espíritu humano, que nuestra realidad no es como se nos presenta, provocándonos el simple cuestionar de una verdad que creíamos absoluta desde el inicio de nuestra existencia. Inmóviles del asombro, creemos que todo es una falsía.

Sin saber qué hacer o qué decir ante tan inesperado suceso que presenta a un sujeto cuya identidad nos es desconocida de momento. Nos atrevemos a cuestionarle, instintivamente, ¿quién es él para derrumbar nuestra más grande creencia, nuestra mayor verdad? Ah, ¿pero qué creen? Que ese sujeto afirma conocer nuestra esencia humana mejor de lo que esperábamos, y encima de que reunimos el valor para hacerle frente, no muestra piedad alguna y nos muestra una senda distinta: un nuevo camino comenzado por el deseo de un hombre que quiere seguir la verdad interna, su verdad.

Levantamos nuestra mirada al cielo como pidiendo algún milagro, algo que nos indique que todo es un mal sueño y que estamos dentro de un entorno que resulta ser verdadero, el cual nos ofrece posibilidades, sueños, realidades, elementos, herramientas o cosas que nos son asequibles y que nos garantizan una vida feliz y duradera. Pero entonces, llega ante la multitud un misterioso sujeto envuelto en una manta negra cuyo rostro no conseguimos ver, y con una mano como salida del infierno, se atreve a proclamar que la verdad sobre la que descansamos no es otra cosa que una vil mentira.







CAPÍTULO 1. EL SÚPER-HOMBRE COMO CREPÚSCULO MORAL

“Desde que no hay Dios, la soledad se ha hecho intolerable; es preciso que el hombre superior ponga manos a la obra”[1]


Se anuncia ante el hombre la noticia de la ausencia de un Dios en su vida. Esta ausencia implica acciones humanas alimentadas por la angustia, sobre la cual la soledad se oculta, silenciosa; además del desvelamiento de verdades. La necesidad de querer salir del aparente impasse en que el hombre se halla lo lleva a cometer actos lejanos a su naturaleza humana, ¿es que ha perdido todo contacto con Dios? Nietzsche convendría no en que lo ha perdido, si no en que nunca hubo tal. El individuo común no es capaz de tomar medidas; acciones para cambiar su estado, aquel estado de soledad producto por la ausencia divina.

            Nietzsche anuncia, pues, la muerte de Dios en la vida del ser humano, con lo que expresa, a su vez, la pérdida de sentido que la posición del hombre implica en su propio entorno cambiante. Dios representaba aquel equilibrio personal en el hombre, pero sin Él, ¿cómo será el hombre capaz de centrar su vida nuevamente proporcionándose un sendero específico?

“¡Ay, hermanos, ese dios que yo creé era obra humana y demencia humana, como todos los dioses! Hombre era y nada más que un pobre fragmento de hombre y de yo: de mi propia ceniza y de mi propia braza surgió ese fantasma, y ¡en verdad! ¡No vino a mí desde el más allá!”[2] Desde este cariz, se distingue un rasgo psicológico que no debe ser descartado: el surgimiento de dos mitades nacidas tras la falsa imagen de una superior en un pedestal: Dios. 

Es decir, la aparente unificación de un ser supremo en el hombre se distorsiona y quiebra al contacto con la verdad revelada recientemente que desafía los límites de la creencia arraigada por siglos. Dos mitades cuya escisión se esclarece básicamente con la cuestión del que no quiere creer lo que está frente a sí mismo y el que desea proclamar ésa como su nueva verdad eterna.

El hombre, al percatarse de esa ausencia, de ese vacío personal, se escinde para crear un equilibrio intrínseco, ya que Nietzsche afirma que la religión, como parámetro divino, es una faceta psicológica en el ser humano cuyo único propósito es envilecerlo, dejarlo inane[3]; por lo cual la parte fuerte de él, el súper-hombre, inherente al ser humano, surge de improviso y se anuncia ante la mortalidad humana, limpiando la vergüenza que acarrea la soledad dentro de su propio espíritu, guiándolo así por un nuevo sendero que lo “proteja” desde ese estado pernicioso en el que cae a raíz de la pérdida del fundamento de creencia en un Dios. Ese sentimiento que vuelve loco al ser humano es lo que lo lleva a prescindir de su entorno y aniquilar aquella imposición que conoce como “Dios”, adquiriendo aquél la capacidad de sobrepasar las limitaciones de su naturaleza.

Pero, sin un Dios aparente, ¿en qué se sostendría el ser humano, el individuo mismo? El siguiente párrafo lo elucida así:


“En el cristianismo, este proceso de despojamiento y envilecimiento del hombre llega al extremo. Todo bien, toda grandeza, toda verdad, no aparecen más que dados por gracia. Es una historia lamentable: el hombre busca un principio, en nombre del cual puede despreciar al hombre; inventa otro mundo para poder calumniar y manchar a éste; no capta más que la nada y hace de esta nada un “Dios”, una “verdad”, llamada a juzgar y condenar esta existencia…”[4]


Podemos verlo aquí expresado de manera más amplia. Es por esto que se muestra la necesidad de que el hombre encuentre en sí mismo ese equilibrio que lo llevaría en la búsqueda de una nueva verdad en el mundo que lo rodea. Pero entonces, ¿el espejo de la verdad no vendría siendo otra cosa que la verdad de un Dios ya muerto? ¿No es la verdad una cosa divina? Nietzsche ve en el individuo común esta esencia, la marca del súper-hombre, la representación verosímil de la sustitución divina que ha perdido color, sustento; con lo que no ve más sentido a este oscuro porvenir en el cual nace este nuevo ser, dispuesto a superar las barreras impuestas, ya que el deseo del hombre por encontrar esta nueva verdad que lo ilumine es una actitud impelida por su evidente deseo de poder sobre sí.

            A los ojos de Nietzsche, el hombre es el espejo asequible de la divinidad, de Dios mismo, por lo que al ver el reflejo vacío, por llamarlo de algún modo, encuentra en éste su propio potencial limitado, latente, o quizá muerto. Al contemplarlo, el hombre se pone a pensar que quizá esto provenga de un ser extraordinario, uno con la capacidad de suplantar a Dios.

El hombre bien puede ser el lado débil del ser humano, la razón misma; mientras que el súper-hombre, el lado duro, fuerte, instintivo[5]; pero ciertamente no distan uno del otro de manera radical, pues ambos son recíprocos por naturaleza. El súper-hombre es al mismo tiempo un hombre en sí mismo, como Nietzsche lo dice: “[…] no existen hombres superiores, todos somos iguales, el hombre no es más que hombre, ¡todos somos iguales!”[6]. Y eso no es la única la revelación de dicha verdad, pero sí provoca en el hombre una brecha, una ruptura. Expresado aquí por nuestro filósofo: “¡Oh, hombre!, ¿hasta dónde puedes soportar el golpe que no te produce más…¿acaso puedes en la disolución gozar, sentir el máximo de plenitud?”.[7] Para Nietzsche no es un padecimiento la muerte de Dios, este nacimiento de la parte fuerte del ser humano, el súper-hombre, sino que así lo quiso él más que nada

            ¿Cómo? Para evitar la contrición, y darle así un matiz más significativo a este innegable acontecimiento. Nietzsche añade “Si Dios ha muerto, es que lo hemos matado nosotros; nosotros somos los asesinos de Dios”.[8] Sin embargo, dicha aseveración, si nos detenemos un momento a analizarla, encontramos que carece de sentido, ¿por qué?, pues porque, naturalmente, matar a Dios es matar al Dios que vive en nosotros, en nuestro interior; no sería entonces, ¿cómo matar una parte de nosotros mismos?

            Nietzsche sostiene que, en el momento que el hombre se da cuenta de la naturaleza de su “otra mitad”, su lado humano se empobrece para dar más cabida a su naturaleza extraordinaria, el súper-hombre. Como lo explica a continuación: “La naturaleza es de tal contextura, que señala por todas partes un Dios perdido en el hombre y fuera del hombre”.[9]

            Tal parece que el hombre no necesitaría, ya no digamos encontrar a Dios, sino sabe si siquiera está Él allá afuera, en su entorno; esperando su presencia. Al eliminar esa necesidad, mata el deseo de acercamiento a Dios, por tanto, la pérdida de sentido se encuentra sólo en el hombre, no en el entorno ni cerca de él, sino en él.

            Con esto sería claro que Nietzsche busca abrirle los ojos al hombre[10], convencerle del vacío en que se ha metido por la necesidad de buscar algo que lo trascienda; pero ante tal situación es que surgen dos tipos de hombres: los creyentes y los ateos vulgares. Al convertirse el hombre en portador de su propia verdad y pregonarla del modo que lo hace, sucede que los primeros, es decir, los creyentes, reciban esa “verdad” tal cual; mientras que los segundos – ateos vulgares - la ignoren. Sin embargo, en ambos casos el mensaje en sí mismo es arrancar la mentira del contexto y modo en que se ha divulgado.

            Evidentemente, Nietzsche desea pregonar la verdad que contrarrestaría la mentira sobre la presencia de un Dios, pero tampoco se porta como un hombre violento que arranca personalmente las falsas creencias de ambos. Por más que desea transmitir su verdad, su voluntad se apega más al respeto, expresándolo así: “Tened cuidado, no sea que al revelaros mi secreto os robe vuestro tesoro”.[11] La cuestión del caso es cómo se conduce éste, pues él mismo se ve como un loco portador al intentar evidenciar la “desnudez de la verdad”.

 Ahora bien, ¿cómo abrirle los ojos al hombre si el hombre mismo no quiere hacer eso? Nietzsche se da cuenta de que ha llegado a una etapa adelantada a su momento, pues cree que es muy pronto para destruir la mentira. Expone: “este suceso enorme está todavía en camino, en marcha, y no ha llegado todavía a oídos de los hombres”.[12] ¿Y si llegara? ¿Y si pasara algo en la profundidad de la certeza humana? Por ende, si hacemos caso a esto, diríamos que el hombre sufriría un terrible golpe de veracidad que incluiría un cambio en su naturaleza, una brecha, una quebradura, como decíamos más arriba. El hombre mismo debe superar esta pérdida y reconocer su camino y su gracia. Aquí establecemos que, aunque hombre y súper-hombre no son lo mismo, poseen una unión, un vínculo que los acerca con relación a la ausencia de un Dios personal.

            Si bien tenemos nuestras hipótesis que sirven de guía para explicar el proceso de cómo surge el súper-hombre, no debemos prescindir que el adagio nietzscheano “Dios ha muerto” implica que el hombre mismo tiene esta necesidad de darle paso a su lado imponente para poder crear esa nueva imagen, esa nueva realidad a la cual admirar, seguir. Ahora bien, como dice Nietzsche un pasaje más adelante: “¡Ante Dios – Mas ahora ese Dios ha muerto. Y ante la plebe nosotros no queremos ser iguales. ¡Vosotros hombres superiores, marchaos del mercado!”.[13]

            El súper-hombre de Nietzsche conlleva ciertas implicaciones al entorno en que aquél surge. Como súper-hombre que es, por naturaleza, rompe las barreras, las imposiciones de su tiempo, tomando conciencia de quién es y qué es capaz de lograr en su entorno; tomando a consideración que no hay un “Dios” ahí para observar o intervenir, ¿debería de hacerlo? Pero entonces, ¿sería el súper-hombre una representación de una moral que está decayendo? O más importante todavía: ¿Qué clase de moralidad representaría el súper-hombre?


1.1.- Nihilismo y Súper-hombre.


Retomando lo que decía arriba, el súper-hombre se ve situado en una especie de nueva representación del mundo; considerando ya de antemano la ausencia de un Dios en la vida del hombre. Nietzsche, al darse cuenta de lo adelantado que se encuentra, toma consideración de la naturaleza que este cambio representa, pues eliminado Dios se pierde el horizonte que el hombre veía a lo lejos como parámetro de salvación, de finalidad.

            Ya no hay un Dios en el cual creer y el hombre ha perdido ese refugio del que disponía, entonces, ¿en qué estado o posición se encuentra o se verá sumergido ahora? Entre otras cosas, esto presupone una mirada suspicaz al contexto valorativo en que el hombre se halla, pues eliminando a Dios del horizontes se cuestiona qué nueva moral se seguirá ahora que no está él aquí. La caída del cristianismo implica una reformulación axiológica necesaria que remonta a un “arraigo filosófico” determinado, donde el hombre se deja guiar por esa razón representativa de la moral cristiana.

            En otras palabras quiere decir que el hombre, en la efímera conciencia de su cambio, voltea a su pasado cotejando lo que está haciendo y al mismo tiempo tomando obra de ello para continuar su recorrido. Necesidad de tener en cuenta lo que se deja de lado para poder visualizar su camino. A la inversa de eso, Nietzsche planea devolver, como ya dijimos, la verdad al hombre, pero, ¿qué es aquello que se oculta tras esta verdad? Al perder de vista la razón divina, el hombre mismo libera su lado fuerte, instintivo; el súper-hombre.  Podría ser que los creyentes y los ateos se volvieran a este hombre con una pretensión visionaria que trascienda su propia razón, la razón humana, de su propia naturaleza. Ante la simple cuestión de que un acompañamiento tan grande como Dios podría serlo o representarlo, Nietzsche ve que Dios no puede tal cual desaparecer de la vida del hombre, por lo que asume que vive, de alguna forma, dentro de éste.

            Por otro lado, tenemos ante nosotros un nuevo escenario[14] que se anuncia ante el hombre con propósitos distintos respaldados por un nuevo fundamento, una pérdida de significación ahora que la presencia divina se ha ido. Si podemos decir que Dios representó para el hombre alguna clase de experiencia, y ha sido derrumbada anticipadamente por Nietzsche, entonces, ¿en qué nuevo tipo de religión se sumergirá el ser humano? Y más acuciante todavía, ¿qué nuevo tipo de creencia surgirá en el hombre mismo? Precisamente en este punto Nietzsche habla de un egoísmo sin temor a usar tal palabra, puesto que afirma que dicha afirmación podría llegar a desvelar algo e incluso sustituirlo, siendo así a Dios en la etapa Post-Moderna.

            Sin embargo, hay que especificar que las nuevas causas en la situación del hombre en su aparente nuevo entorno no permiten ver una clara gama de respuestas que sirvan de base para entender qué le pasa, lo que lo deja en un estado neutral de creencia donde no sabe cuál seguir y se ve incapacitado para adoptar una postura específica. Esto conduce a la idea de que en el hombre mismo nace una especie de neo-creyente, pues resultaría impensable que el hombre pudiera dejar de creer de instantáneamente.

No obstante, sí hay una interrogante que no se debe descartar: ¿Cuál vendría siendo el valor del neo-creyente? ¿Sobre qué parámetros axiológicos se basa él para continuar en el camino de la nueva creencia? La crítica que Nietzsche aborda en relación al cristianismo en su totalidad o por lo menos la nueva creencia a la que se dirige el hombre, va encaminada a la cuestión que apunta a la identidad de Dios como figura primaria, particular e identificadora del hombre, con la pretensión de que dicha figura lo oriente a una realidad en sí misma. He aquí otra cuestión: ¿A qué nueva realidad será guiado el hombre sin la visión misma de Dios?

              Entonces Nietzsche se enfatiza por sí sólo en esta faceta del camino del hombre, pues, como ya dijimos, su propósito es devolverle al hombre el sentido de su existencia partiendo de sí mismo, abrirle los ojos ante el nuevo mundo que se ha anunciado aun cuando éste no se dé cuenta de ello. Dejamos de lado el mundo de Dios ya quebrado, el mundo de afuera, para centrarnos en los cambios del mundo del hombre, en el hombre mismo, lo que ocurre dentro de éste. Nietzsche ve esto como la oportunidad del hombre para recuperar su sentido en un contexto donde parece ya no creer en nada ahora que su “fundamento” más fuerte, o sea Dios, ha perdido el peso, el sentido mismo en que se encontraba.

            Esto nos remite a cuando Nietzsche afirma que Dios es el espejo del hombre, pues esto es la metafórica intención de Nietzsche por hacer ver que el hombre está cayendo en falacias al intentar interpretar o darle una imagen falsa al mundo que lo rodea, en lugar de interpretar o reformular su propio mundo en proceso, como se expresa aquí: “Querer darse un mundo a su imagen, querer mirarse a sí mismo en el mundo testimonia un quererse a , una voluntad de precaverse contra toda perdición, de salvarse”.[15]

            Entonces, el concepto que surge del neo-creyente dentro del hombre lo lleva a su propia auto-transformación en el ya renombrado súper-hombre. Un súper-hombre disuelto y formado a la vez por su voluntad, por su deseo de trascender el límite humano. Una consolidación incompleta aún, debido al proceso de desengaño por el que el hombre está pasando. Dicha disolución muestra, de manera sutil y lenta, que aunque el súper-hombre esté en su formación a raíz de la ausencia divina, el hombre mismo sigue concientizándolo, por ende el súper-hombre sigue siendo imagen interna, no lo trasciende del todo aún.[16]   

            Esta moralidad en crisis dentro del hombre nos conduce a la reflexión acerca de la consolidación personal por la que el hombre mismo sufre. Al perder el hombre su creencia en el ser divino, su mundo personal dimensional adquiere otra significación para consigo mismo y con el mundo. Las consecuencias que se generan caen de lleno ante el cristianismo como un conjunto de falsedades que reclaman su re-estructuración en la nueva realidad.

            Más aún con esta plataforma ideológica en que el hombre se desplaza buscando un sitio donde re-acomodarse, pues su pronta transformación le exige una centralización personal donde Dios dejó la suya. La mirada que el hombre mismo adopta, obtenida tras derrumbar la gran falsedad se ve asediada por las categorías de la creencia en el resto de las personas, cuestionándole su calida humana cotejada con el súper-hombre, quien va tomando terreno a medida que la ausencia divina va dejando su rastro.

                Así pues, la no creencia va ganando terreno en la vida del hombre al mismo tiempo que su contra-parte, el súper-hombre, se re-afirma dentro de aquél al generar más vigorosamente la duda en su interior. Siendo así, la idea del súper-hombre – sustituto nietzscheano de Dios – no es sino prueba de un mismo deseo ambiguo que proclama la negación de la eternidad y al Dios del cristianismo, lo que lo conduce a un nuevo modo de religión fundamentada en la eternización cíclica del hombre consigo mismo.[17]  

            ¿Cómo concebir ahora, pues, nuestro “nuevo” mundo? ¿Qué orden le damos a la vida misma? ¿Estamos situados en alguna nueva clase de religión atea? Sea o no una religión debo aclarar que ésta se organiza de un modo racional conquistador que arroja al horizonte humano todo aquello que no puede contener. Así es como también se pierde el conjunto de verdades que ya no tienen cabida alguna en el espíritu del hombre ahora sustituido por su lado fuerte.

            El nuevo vigor que adquiere el hombre al ser el constructor de su propio terreno lo lleva a entusiasmarse con la realidad que se forma a su alrededor, una realidad construida por una nueva razón.[18] Éste es uno de los cambios consecuentes ante la ausencia divina en proceso, y eso, según Nietzsche, abre paso a tres cuestiones esenciales que serán, primariamente, explicadas en una metáfora hecha Strauss: este entorno de la religión y el mundo en que ésta se desarrolla, nuestro filósofo lo contempla como un hermoso jardín (el mundo) y un cielo cambiante aparentemente verdadero (religión).

            Partiendo de la metáfora arriba expuesta, Nietzsche ve que el jardín necesita un nuevo cielo, recrearlo y darse cuenta que no le corresponde a su naturaleza.[19] El cielo que se cierne sobre aquella tierra no cuadraría, no correspondería al jardín se ubica debajo. Este cielo – la religión dentro de la metáfora – se encuentra ahí para resaltar al jardín, pero Nietzsche está de acuerdo con Strauss en que el cielo decoroso está de más, no se puede aprehender por sí mismo.

            Las razones para buscar una nueva religión se encuentran fuera de ésta, pues sería inútil volver al plano teológico precedente. Es aquí donde se observa que lo planteado no es propiamente un reivindicar la fe a su antiguo estado, sino una forma de re-formularla; cambiar el cielo poco debido a uno que congenie con el jardín ahora reluciente. Un nuevo cielo no garantiza la mejoría de la vista al jardín o a cualquier segmento del mismo terreno, por lo que sería necesario conocer la naturaleza de ese cielo incierto y cambiante a uno que asegure un jardín veraz y certero.

            El súper-hombre se inserta en este contexto promoviendo una serie de propuestas ante esta aparente religión que continúa como espíritu latente dentro de la profundidad humana. Desear un nuevo cielo obliga a reconocer que ninguno de los que se ciernen sobre el jardín es lo suficientemente eficiente para que éste reluzca adecuadamente. Al decir esto situamos al súper-hombre en el precepto de que él debe forjar ese nuevo jardín, que en este caso vendría ofreciendo nuevas decoraciones – preceptos en la vida humana – que conlleven una certeza al hombre.

            Entonces, si pensamos que este “cielo-jardín” constituyen el advenimiento de una etapa en la que el hombre deja de creer en algo que estuvo ahí, dando paso subconscientemente a la no creencia que se cierne sutil y silenciosamente sobre la vida del hombre mismo, despojándolo a un terreno donde no sabe qué pensar o a dónde moverse.

            Sin embargo, ¿puede llegar a pensarse que este nihilismo en que se ha sumergido el hombre provee alguna clase de nueva fe? Si es así, ¿de qué tipo? Porque para ello estaríamos hablando de que lo que sustenta este cambio es algo que fundamenta sólidamente esta nueva fe, esta nueva religión. La hipótesis está ahí; de ser así, ¿qué sería? Hablamos aquí de una dicotomía presente que tal vez no se anuncia de manera enfática, pero poco a poco va ganando terreno dentro del hombre mismo: lo que esta fe representa y la ciencia moderna misma que también lucha en este dilema humanístico.

            Como dijimos en el apartado anterior, la verdad que el hombre desvela por llegar a una faceta de su camino en brecha provoca que su alrededor se divida en dos clases de personas: neo-creyentes y ateos vulgares. Bien, partiendo y regresando a esta idea tenemos una situación aunada al contexto que estamos presenciando: ambos tipos de hombres marcan de manera sutil la dirección acerca del nuevo cielo religioso que se presenta ante el hombre, logrando así una capacidad de discernir necesaria que implica cambios fundamentales en éste.

             Tenemos ahora este contexto de alguna forma establecido, formado: el súper-hombre surgiendo como equilibrio ante la caída de la creencia más fuerte en el hombre; así como los ateos y los que buscan algo nuevo en qué creer. Ahora el siguiente dilema en que nos situaremos es cómo se desarrolla el súper-hombre pero con la cuestión individual en sí misma.  



                          


1.2.- Súper-hombre como afirmación de la voluntad individual.

En el lazo divisorio que une y aleja simultáneamente al hombre y al súper-hombre encontramos la cuestión de cómo se da dicha subsistencia. Como se ve en Zaratustra: “¿Cómo se conserva el hombre? ¿Cómo se supera el hombre”? [20] Como lo expresa Nietzsche aquí, el hombre se conserva a sí mismo manteniendo su estado; pero se supera liberando su lado fuerte en el nuevo contexto carente de un ídolo al qué seguir.

            Ese jardín que se cierne sobre la vida misma, buscando ese ídolo en la nueva cara del hombre que ha recuperado su confianza y su fe en sí mismo, viendo el horizonte despejado. El súper-hombre tiene más, da mucho más. Si vemos ese lejano paradigma en la profundidad humana notamos que la carencia es al mismo cubierta por la voluntad del hombre mismo. El hombre y el súper-hombre sostienen ese vínculo porque uno es el fundamento sólido que el otro necesita para surgir, al mismo tiempo que mantiene a aquél en el lugar en que está.

            Además de la ausencia divina, hay otros factores en el contexto que demandan la esencia del súper-hombre mismo. Más aún vemos que éste es hombre mismo a la vez, y es por ello que lo refuerza por voluntad personal. La esencia del súper-hombre impulsa al hombre mismo a sobrepasar sus propios límites personales. Esa fuerza interior que lo lleva, que lo re-afirma de alguna forma lo hace trascender lo social, la norma impuesta bajo la falsedad precepto divino desvanecido en la conciencia individual.

            El súper-hombre, por esencia, es causa y representación de algo más para el hombre. Es sustento de su propia existencia. En medio de la masa que se divide ante la crisis del nihilismo; surge esa necesidad personal de ir más allá ahora que las barreras impuestas no parecen ser un obstáculo para la humanidad. Las hazañas del súper-hombre enfatizan y remarcan la esencia misma del hombre, subrayándolo por encima de lo que le rodea.  

            Ese algo más que el súper-hombre representa para el hombre mismo es el deseo de querer superar el límite personal que incluso él mismo trae. Afirmarse como tal implica la apertura a un nuevo camino donde el súper-hombre funge como guía y promotor del hombre personal, el que no está dispuesto a ir más allá, pero que a la vez mantiene ese deseo.

            Esto sucede por lo siguiente: “La absolutización de las tareas más banales las desvaloriza también a ellas, hasta el punto de que el hombre moderno, olvidado de los más decisivo, vive en un mundo vacío de significado o en preocupaciones tan fugitivas e inconsistentes, que la palabra misma de <<experiencia>> no significa ya nada para él” [21]. Visto así ya podemos entender más ampliamente que todo se centra en lo que sucede en su interior, en lo que pasa dentro.

            Las pérdidas de creencia están dentro de él, y eso es justo lo que lo motiva a trascender barreras, campos, fronteras; con ayudar del súper-hombre el hombre mismo se ve inmerso en el camino por constituirse ante sí y los demás. El explicar este nuevo camino que el súper-hombre recorre es también explicar esta nueva religión que conlleva de antemano la denuncia de lo que ésta realmente es, puesto que Nietzsche provee que quizá también esté llena de máscaras que pudieran distorsionar nuevamente la realidad que el hombre ha descubierto ahora. Pues bien, el que en este punto Nietzsche se meta en esta caracterización religiosa debe contraponerse con el esfuerzo del súper-hombre por lograr su cometido.

            No es el único actuante aquí, ya que las dos clases de hombre de las que venimos tratando además de la ya bifurcación del hombre y su mitad, el neo-creyente, específicamente hablando, tiende a lugar un papel más enfático justo aquí. Ambas clases de hombre miran al súper-hombre como el siguiente sucesor de la nueva era de creencias, después del nihilismo, pero, ¿está éste a la altura de la expectativa creciente? Hablamos de las voluntades que llevan al súper-hombre a continuar el camino bajo su propio juicio y al neo-creyente a confiar en que aquél podrá llenar ese vacío, proporcionar un nuevo y prometedor horizonte.

            Aun tomando en cuenta qué creó al súper-hombre éste se reafirma, como ya dijimos, a través del hombre mismo, quien pone en cuestión su propia naturaleza para medir sus capacidades en torno a la nueva posición que se erige sobre él, desafiando la naturaleza misma de su creencia personal y de la religión misma.

            Lo dice así: “Así pues, esta certeza optimista  hacia la racionalidad del mundo, que confunde racionalidad lógica y bondad intrínseca, no es más que una amarga ironía en presencia de los sufrimientos sin número de la humanidad”. ¿Sería así que el hombre, o más todavía el súper-hombre, confunden sus caminos llevando a una incertidumbre en la que el neo-creyente debe discernir el camino que aquéllos toman? Es claro que el súper-hombre, de no tener claro su camino, no sería lo que es, sin embargo, no excluye el hecho de que se atreve, impulsa lo que es y lo que conoce por tener miras a la cercanía de una existencia humana.

            Pero para alcanzar dicha perfección humana el neo-creyente debe basarse o cuando menos tener presente lo que alguna vez fue la creencia divina, antes del súper-hombre. Para poder observar mejor los pequeños acontecimientos que aquí se presentan es necesario situarnos en el contexto histórico-cultural del hombre mismo, para así entender desde una óptica más intrínseca qué lo lleva a convertirse en el súper-hombre manteniendo su esencia tal cual.

            Para ejemplificar eficazmente, tomaré otra metáfora. Nietzsche utiliza el ejemplo de un pantano tratando de reflejar la horrible realidad oculta que se cierne sobre nosotros hasta que se erige reclamando lo que debe ser. Como lo expresa aquí: “Ante todo, concebirse como lo único real y tratar su realidad como la medida de la razón en el mundo”.[22] Entonces, tomando la hipótesis del pantano como parámetro de la realidad que Nietzsche concibe entendemos la parte de las máscaras que él se esfuerza en enfatizar, o más aún, develar tras el falso horizonte que sólo con la voluntad del súper-hombre puede escindirse hasta desaparecer.

            Más allá de un ornamentado jardín con un dudoso cielo, tenemos un pantano que nos esforzamos en eludir puesto que su representación viene siendo demasiado grotesca para nuestro gusto, pero será impostergable. ¿Acaso es así con todo lo que nos rodea? No necesariamente. La moral que gobierna nuestro entorno y que inclusive estimula al hombre en su “súper-faceta” habla de algo que debe ser modificado, mas no eliminado. Si la metáfora del pantano resulta ser otro paralelismo (es decir, si el cielo del pantano representa ese supremo enaltecido como lo mejor y como portador de respuestas satisfactorias y a lo cual adorar como lo más grande, entonces tenemos la necesidad de mirar un nuevo cielo más prometedor, opuesto a la senda religiosa en su estado actual, entonces tenemos una religión absurda en contraposición con lo que conocemos como fe.

            El súper-hombre una vez logrado su objetivo, tomando en cuenta las metáforas del cielo, el pantano, los ateos vulgares y los neo-creyentes. El súper-hombre, recordamos, es al mismo tiempo hombre, porque Nietzsche acentúa un elemento de manera especial: el olvido del ser humano de su tragedia personal para sobrepasar aquellos límites necesarios para poder dar al mundo una nueva verdad, una que sirva de fundamento para reformular lo falso, lo dañino.

            Tiene que superar estas barreras, pero también acepta que no puede prescindir de su fundamento, de lo que lo hace ser lo que es: el hombre mismo. Así pues, finalmente, dado que el súper-hombre posee esencialmente su fundamento en su principio, en origen, que es el hombre, no tiene más que mostrar su camino a los que ha dejado atrás para forjarlo, pero al mismo tiempo no pierde de vista que se ha anunciado ante él un horizonte particular, lleno de nuevas interrogantes y cuestiones que desafían su naturaleza en el sentido de que no puede olvidar quién es…así como tampoco cuál es su propósito.


1.3.- Voluntad y Transvaloración.

Como se comentó en el primer apartado[23], Nietzsche supone que la esencia divina no puede desvanecerse tal cual, después de un inmenso y prolongado arraigado cultural que implica un cambio radical en la vida del hombre, por lo que propone la hipótesis de que la representación de Dios en la vida del hombre es algo tan intenso, tan poderoso que asegura éste vive dentro del hombre mismo, pues para bien o para mal implican una mutua necesidad escindida.

 Nuestro filósofo exclama con arrogancia: “Es un pensamiento que tuerce todo lo que es derecho”.[24] Con esto quiere decir que la imagen de Dios en el hombre es lo más nocivo que tiene éste de aquél. En lugar de ser una representación benéfica para sí mismo, es todo lo contrario, pues el Dios arraigado culturalmente lo aleja de la verdad interna, su verdad. Como un cáncer latente sin ser visto y que carcome al hombre poco a poco.

            Esto deja a reflexionar la cuestión que apunta no a probar la existencia de Dios, sino a cómo ha podido Él lograr sembrar esas “semillas” en el hombre, haciéndole creer que lo que lo rodeaba era verdad. La mano del destino; el recorrido que el hombre realiza siendo un súper-hombre se anuncia con el paso del tiempo, demostrando que ninguna verdad es más fuerte que la voluntad del hombre por incorporar su propia verdad a la realidad que se le presenta todo el tiempo.

            Pero ese periodo, ese recorrido no destruye una imagen predispuesta, ya formada, sino que simplemente la deja en un punto distante en el corazón del hombre, pues el olvido resulta ser un elemento difícil de sobrellevar. El hombre mismo sabe que, aun cuando intente eliminar por coraje o desapego al Dios que lo “acompañó” mucho tiempo, no puede soltarse de él tan fácil, como un niño no puede soltarse de su padre al momento de aprender a caminar.

            El recorrido que el súper-hombre realiza simboliza, de entre todo lo que ya hemos mencionado, una metáfora más: el deseo por quebrar lo que parecía imponerse sobre nosotros de manera tajante podría haberse visto como una pequeña jaula donde somos el ave que desea escapar, ser libre y vivir conforme a sus propias doctrinas o verdades, pero ese cambio radical no es tan simple. Requiere mucho esfuerzo y un proceso complejo que re-establezca nuestra verdad al margen de lo perdido, de lo que fue vedado a nuestro espíritu en la más silenciosa de las maneras.

            De la misma manera el hombre siente ese impulso que lo conduce instintivamente al súper-hombre, como si fuera un sueño donde fuera conducido por algo que no logra comprender pero que a la vez no puede evadir, y esa decisión marcaba el rumbo de su destino, de su camino, desvelándole una verdad que a simple vista le parecía inconcebible, pero que, con el tiempo, llegaría a entender, comprender y más aún a aceptar.

            Aceptar una verdad, y más una tan compleja requiere tiempo. Más porque ésta constituye parte crucial, si se desea ver así, de nuestra cotidianeidad. Es por ello que el hombre toma tan drástica decisión. Si va a vivir bajo la sombra, la guardia de algo que no está ahí, se prepara para forjar su verdad aun cuando implique olvidar lo que deja, y más por lo que va. El sacrificio de la costumbre que el hombre ha dejado atrás bajo la identidad del súper-hombre caracteriza una etapa donde intervienen una serie de transvaloraciones humanas en compensación de la carencia y el equilibrio intermediarios.

            Las barreras se alejan y con ellas el hombre de su antigua posición para entrar en el pantano de mal aspecto que no conocía pero que aceptó conocer con el fin de acercarse a la verdad. ¿Es que ésta es tan aborrecida que preferimos un jardín cuyo cielo no ofrece respuestas concretas y placenteras? Una buena forma de explicar el deseo de salir del pozo para abrazar con alegría y regocijo un nuevo cielo satisfactorio y lleno de la verdad irrefutable.

            El ateo busca en qué refugiarse, mientras que el neo-creyente espera que el súper-hombre luche por otorgar una verdad suficientemente fidedigna que ampare y respalde el error que ha descubierto, intentando argumentar sobre algo que fue refutado con asombroso atrevimiento; el hombre se siente responsable y miedoso al mismo tiempo, lo que da seguimiento al súper-hombre a continuar su travesía, pues él es el sentido de la tierra, la tierra que ha dejado atrás para buscar lo que le devolvería su paz, la paz misma del corazón del hombre.  

           




CAPÍTULO II

 ANÁLISIS DE LA CONCIENCIA COMO SÚPER-HOMBRE DESDE EL PERSONAJE DE RASKÓLNIKOV.

  

Introducción.

En la segunda parte de este recorrido que relata el proceso de transformación del hombre en el súper-hombre nietzscheano, donde los segmentos sociales toman pauta y partida en esta definición de la individualidad personal como promotora de la esencia humana indefinible. El súper-hombre ha iniciado su recorrido, un camino, un destino que lo definirá permanentemente.

            Nos hemos introducido de manera concreta en las fronteras que dividen la esencia humana inducida o limitada por el miedo y la esencia corrompida y valerosa que compone, estructura y define al súper-hombre. En este apartado, para continuar la explicación filosófica de Nietzsche acerca del súper-hombre, nos detendremos ampliamente en la ejemplificación que Dostoievski hace de Raskólnikov, su personaje central que puntualiza de manera paulatina el concepto de súper-hombre en busca de su verdad.

Crimen y Castigo gira en torno a Rodión Raskólnikov. El protagonista es un estudiante que apenas tiene para sobrevivir, ni siquiera a través de los esfuerzos de su madre Pulquería y su hermana Dunia. Rodión se indigna con Dunia porque quiere casarse con un abogado, y él sabe que el matrimonio es por interés, para ayudar a Rodión. Así que tiene la idea de matar y robar a una vieja usurera despiadada que guarda mucho dinero en su casa.

Raskólnikov se ve obligado a asesinar también a la hermana de la usurera Aliona Ivánovna, Lizaveta, ya que lo sorprende en el lugar del crimen. Pronto la policía se pone a investigar el caso. El protagonista, como persona que usó los servicios de la usurera, es interrogado por el comisario, que sospecha de él como uno de los autores e intenta sorprenderlo con preguntas. Ello inquieta mucho a Rodión.

El crimen deja a Rodión en gran confusión, se debate consigo mismo sobre si su acción ha sido buena o mala. Confiesa a su amiga Sonia, una muchacha pobre y buena, las razones de su crimen. Rodión no confiesa a su hermana el crimen, por lo menos no en los términos que sí lo hizo a Sonia. Quien entera a Dunia del crimen, es Svidrigáilov, en el transcurso de una entrevista llevada a cabo en su propia habitación (días antes, éste envía una carta a Dunia en la que le expresa que su hermano es un asesino).

Tiempo después, y luego de dar vueltas sin sentido por la ciudad preso de la embriaguez psicológica que lo embarga, Rodión es visitado en su paupérrima alcoba por Dunia, quien con evidente amargura corrobora a partir de la expresión de sus ojos, que los rumores sugeridos por Svidrigáilov son verdaderos. Abrumado por las dudas sobre su acto, presionado por las dos mujeres para que se entregue y acosado por la policía, Rodión no aguanta más y se entrega para ser enviado por su condena a trabajar a Siberia. Sonia viaja desde San Petersburgo, ciudad en la que se desarrollan los hechos de la novela, a Siberia para cuidar de Rodión mientras cumple una condena de ocho años.

Cuestionamiento en Raskólnikov.

Comencemos con lo siguiente: ¿Es necesario que el hombre cometa crímenes para re-afirmar su superioridad de manera esencial en relación al resto de la humanidad? ¿Implica esa re-afirmación tener que cruzar la línea moral como énfasis de un camino sin retorno? O más importante y que resulta clave aquí, ¿Acaso el proceso de transformación en súper-hombre implica un cambio de conciencia?

El personaje de Dostoievski, Raskólnikov, se ve inmerso en un contexto engañoso donde se ve forzado a emprender el camino para mostrarse a sí mismo lo que lo constituye. Planteado desde esta perspectiva, surge la interrogante de: ¿Qué es lo que estimula o impulsa, si así queremos verlo, a Raskólnikov a superar aquello que lo apresa, que lo retiene? ¿Qué es aquello que llamamos conciencia? ¿Aquello que delimita o esquematiza una frontera entre nuestras capacidades y nuestros límites? Este término perteneciente a la psicología deja mucho en qué pensar, pues nos obliga a detenernos y cuestionar la naturaleza de sí con el fin de poder entender aquello que estimula, en este caso, a Raskólnikov en el sendero que ha tomado: el crimen.

            Ya establecido el paralelismo que logramos vislumbrar entre el súper-hombre nietzscheano y Raskólnikov nos aproximamos a la perspectiva que los identifica y separa simultáneamente: la conciencia humana. ¿Qué alcances puede ésta llegar a tener? Tomemos a consideración un enfoque más: la emoción humana conocida como miedo, la cual adquiere mucha importancia en este ámbito. Si contamos con este otro elemento como rasgo natural en la esencia humana, podemos llegar a presuponer que las causas que determinan circunstancialmente la moral humana, los actos evidentemente, son el hecho de estar defendiendo el aspecto de que es totalmente posible cometer atrocidades impulsados o manipulados por el hecho de querer evitar o interrumpir una eventualidad concreta.

            Un acto implica una consecuencia, pero qué lo impulsa, qué lo conlleva es una interrogante propia de la psicología[25]. Sin duda la conciencia de Raskólnikov es un elemento muy perspicaz que, a pesar de su resistencia, consigue lograr que éste actúe, ultimadamente, de la manera idónea, sólo después de un gran escarmiento.

            Aquí vemos un resquicio de conciencia, pero, ¿cómo opera realmente ésta? O más minucioso: ¿Por qué así? Cometemos un crimen, y depende cómo seamos es el grado de culpabilidad y contrición que nos acecha. Pero, ¿qué pasaría si no hubiera nada de eso? ¿Será que los límites o las propiedades de la conciencia, si lo vemos así, marcan el control del hombre sobre el súper-hombre?

            Nuestros actos nos definen, pero, ¿cómo o por cuánto tiempo? ¿Acaso puede haber actos que nos definan de manera casi permanente o sólo eventual? Es relativo ciertamente, pero no deja de ser una cuestión cuya premisa ofrece una visión hipotética potencialmente ilustrativa con un marco referencial fáctico que dista mucho de llegar a un fin infalible. Tanto lo bueno como lo malo nos definen, pero, ¿qué “bando” ofrece la salida definitiva?

            El súper-hombre trasciende los límites que el hombre mismo no es capaz siquiera de observar sin retroceder asustado, ¿será porque vislumbra en esto una frontera que debe estar ahí? La posibilidad de ser una frontera respaldada por la bondad y  la moral se encuentra presente, pero ni despeja dudas ni aclara la naturaleza de este panorama. Por consiguiente, se sigue que pensemos que si el súper-hombre trasciende dicha frontera es porque ha corrompido la naturaleza humana y, por ende, está resuelto o dispuesto a cometer actos que inicialmente no creía o podía realizar.

             Manteniendo la raya en esta idea de que la verosimilitud acecha al súper-hombre es porque, entonces, vislumbramos en él un retazo, por así decirlo, de conciencia. Pues bien, lo que mueve al súper-hombre a quebrar lo “establecido” es precisamente ese deseo de descubrir qué hay más allá de la frontera que conocemos. Paralelamente con Raskólnikov sucede algo similar: tenemos una causa que lo lleva a cometer sus fechorías por igual, ¿dónde queda la conciencia en esta situación?

            Como lo dice aquí mismo Dostoievski en Crimen y Castigo:

“Raskólnikov entró en su cuarto como un condenado a muerte. No pensaba, ni podía pensar, absolutamente en nada, pero de repente sintió con todo su ser que no tenía ya libertad de juicio ni voluntad y que todo había quedado definitivamente resuelto de golpe. Desde luego, aunque hubieran pasado años, ya con el propósito hecho, acechando una ocasión propicia, de seguridad que no habría podido contar con una probabilidad de éxito tan evidente como la que ahora se le presentaba. En todo caso, habría sido difícil enterarse la víspera a ciencia cierta, con mayor exactitud y sin menor riesgo…” [26]


 Se puede ver en este ejemplo insertado en la novela que la conciencia va desapareciendo gradualmente en Raskólnikov. Al cometer las faltas que lo llevan al nuevo terreno que lo separa del resto, ¿hay todavía un poco de conciencia en Raskólnikov? Veníamos reflexionando algunas líneas arriba acerca de la posible respuesta ante el enigma de cómo opera la conciencia tanto en el hombre como en el súper-hombre.

Pero claro, no es fácil otorgar respuestas a preguntas que exigen un poco de profundización al respecto. Por un lado tenemos el acto instantáneo que en sí mismo no asume segundas opciones que respalden una actitud específica; por el otro tenemos la moral involucrada que ofrece un determinado panorama de los hechos.

            No obstante, una vez que conocemos el hecho de aquello que nos conduce a un acto, bueno o malo, algo en nuestro interior nos aprisiona, nos conduce a reflexiones emocionales que poco a poco se van intensificando, hasta formar un sentimiento de alegría o desesperación, según sea el caso. Naturalmente, depende la persona es cómo ese sentimiento se desarrolla para bien o para mal e impele a afrontar la consecuencia.

             “Lo que no logra la razón, lo hace el diablo”, Raskólnikov apenas tenía conciencia. Sus actos eran casi maquinales, por lo que su movimientos, incluso rápidos e irreflexivos. El golpe que Raskólnikov le asestó a la vieja había dado en lo alto del cráneo debido a la escasa estatura de la anciana. La anciana lanzó un grito, pero muy débil, y se desplomó de golpe, aunque todavía tuvo tiempo de levantar ambas manos hacia la cabeza. Entonces, Raskólnikov golpeó un vez más, y otra, siempre con la pala, siempre en el cráneo”. ¿Es acaso el crimen lo que define y transforma al hombre?

            En el caso de Raskólnikov lo tenemos en su total paranoia y nerviosismo que se distinguen a lo largo de la obra maestra escrita por Dostoievski, obra que nos sitúa y detiene con habilidad e ingenio en los rincones del alma humana una vez que la persona ha roto un límite impuesto y no sabe a dónde dirigirse. A pesar de la circunstancia que marca un hecho o un acontecer, a pesar de la esencia del hombre que se mueve con miras al súper-hombre, a pesar del contexto que los enfatiza opuestamente al hombre y al súper-hombre, están ahí trascendiendo.

            ¿Qué papel juega la conciencia aquí? Podríamos hablar de ella como un pequeño gusano que nos va comiendo paulatinamente hasta lograr que hagamos lo que debimos hacer tiempo atrás. En este caso, Raskólnikov en la ocasión en que Piótor Petrovich comienza a engatusarlo para que al final confiese por sí mismo en el consultorio de éste, pero aparece otro personaje que impide que Raskólnikov enfrente su destino, al menos por ahora.

            ¿Qué tenemos aquí? Un ser humano que se encuentra en la cuerda floja en lo más profundo de la conciencia humana donde sólo hay cabida para la contrición. Finalmente, tenemos claro que la conciencia misma del hombre, que forma gran parte de este segundo apartado, es clave dentro del concepto que lleva de la transformación del hombre (Raskólnikov) al súper-hombre. Dejemos abierta una cuestión que quizá se resuelva más adelante: ¿tiene el hombre que engendrar mal para afirmar su conciencia superior?


2.1.- Caracterización del súper-hombre en Raskólnikov en la novela “Crimen y Castigo” de Fiódor Dostoievski.


Para poder entender la conciencia de nuestro personaje en cuestión, Raskólnikov, tenemos primero que saber o estructurar su personalidad dentro de las facetas hombre y súper-hombre. De esa manera nos será más fácil entenderlo y estudiar con mayor claridad y detenimiento su psicología.

El hombre, un Raskólnikov incipiente permanece en su residencia, una vez abandonados los estudios por falta de dinero comienza a recibir una cierta mensualidad a modo de correspondencia por su madre y hermana. Usualmente se la pasa dormido, come poco o medita. De forma paulatina lo vemos poco a poco encasillarse en un mismo patrón de conducta, que viene siendo el de la inopia personal y social. A medida que se acostumbra a cierto tipo de rutina, entonces comienza a darse un “desnivel” donde se agota emocionalmente de su alrededor, de lo que vive y por ello desea actuar.

Tenemos, por otro lado, a los vecinos, los agentes de policía pusilánimes, la servidumbre del edificio mismo donde este hombre habita, pero no sólo eso, incluso tenemos la representación de la gente común, que bien podríamos decir que sería el simbolismo del hombre dormido o ser humano que ni se pone a pensar en ir más allá, sólo se deja llevar por la cotidianeidad.[27]

             En algunos casos, la personalidad de Raskólnikov tiende hacia lo taciturno, hacia lo introvertido y es por ello, que logra pasar inadvertido en varias ocasiones a la autoridad o personajes con representaciones similares. Inclusive cuando en el momento mismo en que mata a la anciana, podemos ver en él un resquicio de pánico, evidentemente, pero eso no lo detiene de su propósito. Eh ahí la fuerza, la definición de su carácter personal, lo que da pauta a su patrón de comportamiento.

             

Podemos verlo en una escena específica:

           

Todo el mundo se hace rico de una manera o de otra. Y también yo he querido enriquecerme cuanto antes. Nos hemos acostumbrado a encontrarlo todo hecho, a avanzar apoyándonos en los demás, a comer el pan ya masticado.

¿Y la moralidad? ¿Y los principios? - Zosímov.

¿Por qué alborota de esa manera? Raskólnikov.[28]


           

En escenas como ésta Raskólnikov entabla distintas conversaciones con varios personajes que parecen ligar ciertos juicios hacia él aun cuando ellos mismos ni se percaten de ello. Sin embargo, es la astucia y la fría, aguda pero imponente minuciosidad de nuestro hombre lo que lo salva en varias circunstancias. A pesar de haber gente perspicaz a su lado, hábilmente se las ingenia para parecer, si se puede expresar así, cándido ante las circunstancias, como en la siguiente escena:

  

El hombre alzó esta vez la vista y posó en Raskólnikov una mirada siniestra y sombría.

¡Asesino! --- dijo de pronto con voz baja pero clara.

A Raskólnikov, que caminaba junto a él, se le doblaron las piernas, sintió un escalofrío por la espalda y le pareció que se le paraba el corazón un instante, pero al punto reanudó sus latidos como si escapara de algo que lo oprimiera. Así recorrió unos cien pasos, emparejados y otra vez en absoluto silencio.

               El hombre no le miraba.

- Pero ¿qué…qué…quién es un asesino? --- farfulló Raskólnikov con un hilo de voz.

lo eres --- pronunció el otro con claridad y energía mayores y acompañó sus palabras con una sonrisa de inquina y triunfo, clavando otra vez la mirada en el rostro pálido de Raskólnikov y en sus ojos sin brillo.[29]


           

Así es como ilustramos una vez más la conducta taciturna y suspicaz de Raskólnikov a cada paso que da tomando a consideración las miradas de otros que siempre se ciernen sobre él. Esta simbolización del hombre que lo acusa asumiendo tener pruebas que condenen a Raskólnikov puede ser un ejemplo de la “faceta” en que entra el hombre para iniciar, de manera subconsciente, su transformación.

            El hecho de tener una especie de espejo y reconocerse a sí mismo como precursor de una eventualidad concreta que, como ya dijimos, marca una pauta en la frontera entre hombre y súper-hombre. No obstante,  lo primero que se siente es miedo, como lo siente Raskólnikov al percatarse de que alguien sabe su secreto. Vemos aún un resquicio de bondad, de bien, pues a pesar de caminar al mismo tiempo con el sujeto que lo señala y acusa, no le hace nada, sino que, aunque sepamos que tiene miedo de lo que éste pueda decirle, su intención, en primera instancia, no es mala, sino simplemente la de observarlo para predecir sus movimientos, sus acciones.

            En ambas escenas vemos que Raskólnikov, si bien toma una postura que puede ser o defensiva o taciturna, nunca ataca de frente, sino que, con el objeto de investigar se sumerge en una serie de patrones de conducta observadora analíticas que sirven bastante para desplazarse emocionalmente por entre las fases que pasa la gente a su alrededor cuando lo perciben extraño, a Raskólnikov, o incluso cuando comienzan a sospechar de él.

            Cuando comienza Raskólnikov a percibir esto o a darse cuenta de que comienza a intrigar a los demás, actúa por instinto, pero lo hace de manera que le resulte productivo. Veamos otra escena que clarifica lo que digo:


Quizá sea conveniente eso de que me tenga casi por un loco>>, se dijo Raskólnikov.

--- Bueno, pero yo creo que eso les ocurre también a las personas que no están enfermas --- apuntó Dúnechka mirando con inquietud a Zosímov.

Ésa es una observación bastante justa --- contestó él --- en el sentido de que todos estamos a menudo casi locos, con la diferencia poco sustancial de que los “enfermos”están algo más locos y, por esa causa, hay que establecer una línea divisoria. En cuanto al hombre en su plena armonía, la verdad es que apenas existe. Entre decenas, o acaso centenares, de miles de ejemplares aparece uno y, por lo general, bastante débil…[30]


           

Él actúa de un modo y permite que la circunstancia se moldee ante la retrospectiva que el hombre adopta en postura. Claro que siempre hay momentos donde las cosas tienden a escaparse un modo de su órbita, de su planeación, de modo que se ve inmerso en secuencias estratégicas con el fin de salvar su pellejo siempre que pueda, ¡incluso él mismo! Un ejemplo para ello: Raskólnikov había cambiado de tono y hablaba, tajante, con una inquina y desgarro. Rebosaba de cólera que no podía dormir. De nuevo pensó fugazmente: Con esta rabia que siento, me voy a traicionar. Pero, ¿por qué me atormentan así?[31]  

            En estos casos toma partido la psicología, ya que en los momentos donde más tensión hay es cuando las verdades pueden florecer; en otras palabras, nuestras emociones pueden traicionarnos. Tomando como referencias éstas y otras escenas más que seguiremos tocando, logramos ver la personalidad intermitente de Raskólnikov, resuelto a mantener su secreto…hasta que sea tarde.

            Pues bien, es importante también mencionar que el personaje que fungiría como “péndulo” en este juego del gato y el ratón, vendría siendo Razumijin dentro del margen fáctico que tiene en virtud de las acciones de Raskólnikov. En cada ocasión en que éste o bien aporta una idea o se muestra defensivo, sale escéptico aquél para cuestionarle, que bien podría ser profundizar en él, para que se muestre como realmente es, o, en su defecto, instigarle en su transformación de manera muy sutil.

            Como todo ser humano, habrá facetas más complejas que otras, y hay una que proporciona un indicio más acentuado que otros. Veamos el ejemplo:


Lo peor es que ya no disimulan ni se andan con cumplidos. ¿Y por qué motivo, puesto que tú no me conoces ni nada, tenías tú que hablar de mí con Nikodim Fomich? Eso significa que no siquiera quieren disimular que me siguen los pasos como una jauría. ¡Están escupiéndome en mi misma cara! --- rumiaba temblando de rabia ---. ¡Venga! Atizadme ya y no juguéis conmigo como el gato con el ratón. […] Soy capaz de levantarme o arrojaros toda la verdad a la jeta. [32]


            Con esto vemos el resquicio de ira que se acumula poco a poco en Raskólnikov. Mientras los demás comienzan a suscitar interrogantes en torno suyo vemos aquí un nuevo elemento: Esa parte de súper-hombre que parece elevarse por encima de lo humano, aquella virtud que realza al ser humano por encima de lo natural, que lo lleva a conducirse hacia un mandato. En el momento en que Raskólnikov, dentro de su monólogo comienza a amenazar, vemos que tiene un efímero momento donde cree poder reventar la paz que reina a su alrededor y más con arrojar la verdad que él trae, la verdad del súper-hombre.

            Dentro de dicho margen, ¿Qué sería aquella “verdad”? La realidad que Raskólnikov vive internamente de alguna forma logra incidir en la realidad externa, la realidad frente a él. De no ser así, ¿Qué motivos tendría para asesinar? Él no es realmente malo, sino que crea una justificación de maldad para obtener un bien mayor; que sería paralelo a lo que tocamos en el primer apartado en relación a la metáfora de “el hombre encarcelado”, amarrado por cuerdas, entre otros términos, el miedo que lo mantiene.

            Y éste, naturalmente, es producto de su entorno, de lo que vive y cómo lo vive. También, en la explicación anterior, se podría vislumbrar apenas una frontera entre lo humano y lo súper-humano, pues en el momento en que Raskólnikov parece que “develará” la verdad redentora, es cuando se podría decir que él se siente superior, enaltecido por su propia imagen convertido en algo mortal, en algo apocalíptico podríamos decir. Así pues, vemos a un Raskólnikov con miras a acercarse a su naturaleza interna, que se despoja paulatinamente de un yo que está por desvanecerse.

            De esa manera se establecen sutiles distinciones entre el hombre, el súper-hombre y lo que hay en medio: la sociedad misma, el “medio ambiente” como dice Dostoievski en la novela. Un ejemplo que lo ilustra:


[…] De ahí se deduce claramente que si se da a la sociedad una estructuración normal, desaparecerán de golpe todos los delitos, pues no habrá nada contra lo que protestar y, sin más, todos nos convertiremos en justos. La naturaleza humana no se toma en consideración: ¡es excluida, no existe! Según ellos, no es la humanidad, desarrollada hasta el extremo por la vía de un proceso histórico vivo,  la que finalmente se convertirá por sí misma en una sociedad normal, sino que, por el contrario, es un sistema social nacido de algún cerebro matemático el que estructura de golpe toda la humanidad y la convierte instantáneamente en justa y pura, antes que cualquier proceso vivo y si necesidad de ninguna vía histórica ni viva. A eso se debe que detesten instintivamente la historia: ``No contiene más que falsedades y estupideces ´´ y por todo eso se explica esto.[33]


            Como lo acaba de expresar aquí mismo Raskólnikov con “la naturaleza humana es excluida, no existe” sería lo mismo que Nietzsche expresa en Zaratustra con su deseo de que el hombre promedio desaparezca. Ambos expresan que debería haber una especie de “desgarre” dentro de las entrañas mismas del hombre que lo conducirá, como ya podemos ver, hacia el súper-hombre. No obstante, la demarcación que ambos hacen acerca de la unificación del hombre con su entorno trasluce un sentido mundano acerca de la aceptación del hombre con lo que lo rodea, excluyendo momentáneamente al súper-hombre.

            He ahí a Raskólnikov, un ser humano que muestra un carácter débil si lo introducimos en la categoría “hombre-Dios”. Raskólnikov, como ya sabemos, representa la figuración que Dostoievski ve de Nietzsche, por lo que tal vez sea justo pensar que el personaje es un Nietzsche frustrado, sin éxito. Como ya dijimos al inicio de este apartado, podemos tomar como parámetro de valoración psicológica todo el entorno en el cual él se desenvuelve. El no haber concluido su carrera, el no tener dinero, tener gente rica a su lado, así como ayudantes y policías que vigilan, son contribuciones de personajes que son iguales a los hombres vulgares; la otra categoría resulta muy rumorada en la otra clase de hombres.

            La primera clase de hombres, desde la visión de Raskólnikov, tienen la obligación de obedecer; la segunda categoría de hombres tienen por deber transgredir la ley, ya que una fuerza dentro de su naturaleza les demanda la destrucción de su presente en virtud de la espera de algo mejor. En esto se resume básicamente la idea de Raskólnikov y se conocen los métodos bajo los cuales la lleva a la práctica. Convencido de la idea de que él es uno de esos hombres superiores, con un destino ya forjado y que debe acatar.[34]

               Como súper-hombre que infringe la ley, se da cuenta de aquello que estimula su delito: “No es una criatura la que yo he matado. Es un principio, el principio; yo he hecho bien en asesinarla, pero…en cuanto pasar por encima…, esto no estoy dispuesto”.[35] Aunque debemos aclarar algo: él no ha ejecutado aún el golpe mortal, ya que no era capaz de sostenerlo, no era, como otros, “un verdadero maestro al que le esté permitido todo”: al final de la obra, cuando decide denunciarse, su único tormento es este mismo pensamiento. Raskólnikov no lamenta su crimen, su error, el error de haber asesinado, sino que piensa que ha fracasado en completarlo como se suponía debía ser.

            Paralelo al primer apartado donde mencionábamos a la moral en crisis con la llegada anunciada del súper-hombre, su enemigo mortal que intenta transformarla de lo que era a algo mejor, tenemos la cuestión de Dostoievski, en Raskólnikov naturalmente, sobre si hay quedan vestigios morales inmersos en la novela en cuestión. Sobra decir que la sociedad pasa por esta transición en la que la moral es puesta en duda. ¿Es ésta la guía que puede conducirnos a la salvación humana? ¿Qué puede llevarnos por el sendero correcto y libre de falsedades?

            En el momento en que surgen dichas cuestiones, es cuando aparece la duda de si pretende Dostoievski exponer una moral gradualmente dudosa, o si la oculta en cierto sentido. Tomemos como herramienta su cita de Nietzsche en una frase suya “Ha considerado el crimen como necesario para la grandeza humana”.[36] Desde esta perspectiva podemos incluir la observación de que si hay alguien que influye notablemente es el malvado, o siniestro como dicen ahí, Svidrigáilov, en el momento en que se dirige a la hermana del asesino Raskólnikov, puesto que ahí expone la moraleja, la verdad de la historia.

            Ahora bien, esta serie de hechos acaecidos bajo la sombra del autor, marcan una pauta muy sutil en torno a la incidencia en el personaje principal, pues logran que poco a poco surja en él un sentimiento de cuestionamiento (¿será?) y que es eso lo que lo lleva a entregarse y de la manera más tranquila. Confesando todo de manera directa y clara. Vayamos a una parte analítica importante de mencionar: Al final de la obra Dostoievski nos presenta a su personaje Raskólnikov en la cárcel, donde éste paga, naturalmente, por su delito.

            Estando en la cárcel, poco antes de las frecuentes reuniones con Sonia, Raskólnikov repasa mentalmente su historia, pensando que todo se volvió una completa pesadilla, pero siempre sin la oportunidad de volver al comienzo, de poder reparar el daño provocado.[37]  Habiendo ya expuesto hasta cierto punto cuál es la personalidad de nuestro protagonista, nos enfocaremos ahora en la crisis que surge a raíz de su transformación en el súper-hombre nietzscheano.



2.2.- La Crisis del Súper-hombre en Raskólnikov.

 En palabras de Nietzsche la gente, en términos colectivos, no percibe nada de lo que está mal o que es una farsa. Pero cuando viene un súper-hombre a develar la verdad, detrás del misterio surgen la duda y la confusión. Ante esta posición, Raskólnikov no ha de sentir más allá de la ambigüedad del proceso que está acarreando para sí. Si nos metemos en su piel, para entenderlo, suponemos una plena justificación ante la cordura del personaje, que se ve inmerso en un dilema personal al cometer el asesinato.

            Lo curioso sería que jamás se arrepiente, sino que se siente con pleno derecho de infringir la ley, cometer un crimen que lo defina para siempre. Al cometerlo no gana la credibilidad del pueblo al que le arroja la verdad, pero si crea un marco de suspicacia a los que le rodean en relación al hecho desvelado. Raskólnikov vendría siendo uno de esos espíritus que levantan la tela de mentiras, ¿Pero tiene ésta que estar manchada de sangre para ser creíble?

            ¿Es acaso necesario que la sangre represente la mentira arrancada de siglos precedentes? No olvidemos que el súper-hombre es al mismo tiempo hombre, pues aunque se anime por dentro a superar lo que otros no pueden no dejar atrás su origen: ser humano.

            Sin embargo, es así como surge su crisis personal: ¿Qué sigue después? Como explicamos en el primer apartado de esta investigación, superar la frontera de lo humano porque aquello que implica derechos por encima de la ley supone una faceta dolorosa para el hombre (Raskólnikov) representaría la consecuencia de querer ir más allá. El recorrido que el súper-hombre hace implica, por demás, un aspecto imprescindible: la invitación al hombre mundano a acercarse a aquello que está más allá de su capacidad: Superar las barreras que lo mantienen como un hombre.  

            “El demonio suelto que hay en ti, el que ama la existencia más dulce, es el que te dice: hay un Dios”.[38] ¿Tiene que ser un Dios divino acaso? ¿Lo es? ¿O estamos hablando de un Dios terrenal surgido de las más profundas inquietudes humanas? Raskólnikov, dentro de este papel, bien podría responder la cuestión, de que, en el papel del súper-hombre, tiene el deber de marcar su camino y el de los “hombres inferiores”, con lo que se muestra amable exhibiendo su verdad.

Como si un Dios con el poder de expresar lo que el de arriba no puede o desea, Raskólnikov demanda la atención para anunciar lo que se halla en su corazón. Nunca, no olvidemos, nunca siente contrición por lo que hace, sino que más bien se impone orgullosamente ante sus “iguales” para demostrarles su error. Una escena que ejemplifica parte de la crisis:


Raskólnikov acogió con sonrisa irónica aquella tergiversación exagerada y deliberada de su idea.

--- ¿Cómo? ¿Qué significa eso? ¿Derecho a delinquir? ¿Y debido a la ``influencia del medio ambiente ´´? --- inquirió Razumijin casi alarmado.

--- No, en absoluto debido a eso --- contestó Porfiri ---. Lo que ocurre es que, en el artículo de este señor, todas las personas están en cierto modo divididas en `ordinarias´ y `extraordinarias´. Las ordinarias deben vivir en la obediencia y no tienen el derecho de transgredir la ley porque, ya ven ustedes, son ordinarias. Pero las extraordinarias sí tienen el derecho de cometer todo género de delitos y transgresiones de la ley, sólo por el hecho de ser extraordinarios. Si no me equivoco, eso es lo que dice, ¿verdad?

--- Pero ¿qué dices? ¡Eso no puede ser! --- murmuró Razumijin perplejo.

               Raskólnikov sonrió de nuevo. Enseguida comprendió de lo que se trataba y hasta dónde querían conducirle. Recordaba muy bien su artículo. Optó por aceptar el reto.

--- Eso no es exactamente lo que digo --- empezó con sencillez y modestia ---, aunque confieso que lo ha expuesto usted casi correctamente o incluso, si lo desea, con plena corrección…--- parecía como si le resultara agradable admitir la plena corrección de la interpretación ---. Con la única diferencia de que yo no sostengo en absoluto que las personas extraordinarias deban irremisiblemente y tengan la obligación de cometer siempre todo género de desmanes, como usted afirma. Incluso opino que un artículo así no habría podido publicarse. Yo aludía simplemente a que la persona ` extraordinaria ´ tiene el derecho…o sea, no un derecho oficial, sino un derecho propio, de saltar por encima de ciertos obstáculos, y aun eso tan sólo en el caso de que así lo exija la realización de una idea suya, en ocasiones salvadora, quizá para toda la humanidad. Dice usted que mi artículo no está claro. Pues bien, en la medida de mis posibilidades, estoy dispuesto a aclararle todo lo que desee.[39]


            Por otra parte, la aclaración que Raskólnikov a Razumijin y a Porfiri viene siendo esa pauta del súper-hombre por intentar anunciarse a sí mismo ante la humanidad misma, aun cuando ésta quizá pueda no ser capaz de entenderlo o asimilarlo. Si lo vemos con los ojos de la costumbre, del miedo, tal vez podamos entender la renuencia de la humanidad a aceptar al hombre que se impuso ante lo establecido y logró lo aparentemente inimaginable.

            Muestra Raskólnikov cierto cinismo en esa escena. El alarde de explicación que les provee lo llena de ese orgullo característico del súper-hombre que lo define. La señal que va estableciendo, o anunciando sutilmente, el paso del súper-hombre, alguien nuevo, por imponerse ante aquello que ha permanecido por siglos dentro de la humanidad: la debilidad humana. Como se expresa aquí:


Como ni Dios ni la inmortalidad existen, está permitido al hombre nuevo hacerse ` hombre-Dios ´ y vino al mundo sólo para vivir así. Podrá, en adelante, con corazón ligero, liberarse de las reglas de la moral tradicional, a la que el hombre estaba sometido como un esclavo. Para Dios no  existe ley. Dondequiera que Dios se encuentra, allí está su sitio. [40]    


            Y por tanto la sombra del súper-hombre mismo. El deseo terrenal de tener algo superior en la Tierra mueve al hombre a buscar su alter-ego: el súper-hombre. Así pues, al tener en cuenta estos parámetros situacionales en los cuales estamos sumergiéndonos. El súper-hombre ejemplificado en Raskólnikov vive una crisis personal identitaria, pues al verse capaz de asesinar para demostrarse a sí mismo su capacidad sobrehumana, es cuando surgen las confrontaciones personales y con el mundo que lo rodea.

            “¿Soy capaz de superarme, o no?”[41] Se pregunta un día cuando hacía uno de sus clásicos exámenes de conciencia donde probaba sus propios límites. Éste bien podría verse como un ángulo nietzscheano en la versión clásica de su súper-hombre, pero subsumido en la óptica bajo la cual Nietzsche lo comprende. Éste afirma que no hay hombre que pueda dejar atrás su esencia, y no por ser débil, sino porque es hombre, sólo eso.

            Sin embargo, su deseo de ser algo más lo acerca a un vacío, a una crisis potencial que anuncia su descenso. ¿Hacia dónde pues? Está la mera posibilidad de que el hombre deje atrás su propia ley humana y se enfrasque en un entorno donde la inseguridad, pero no el arrepentimiento, recorren su espíritu, su naturaleza varonil ávida de superar lo que se encuentra delante de ella. Pero superar eso implica, de paso, superarse a sí mismo, y con ello tal vez darse un fin personal rotundo. 

            Si no fuera así, ¿por qué entonces Raskólnikov va a confesarse con los policías en lugar de permanecer en la mentira y soledad personal? Porque superar el entorno supone también superarse, dejar de lado lo que se fue para ser algo distinto, y como él, siendo súper-hombre, es al mismo tiempo, ya dijimos, hombre, tiene que aniquilar esa faceta suya y derrotarse hasta el último segundo. De ahí que confesara para dejar un último lugar a la valentía.

            Raskólnikov decide acabar consigo mismo en el momento de la confesión, acabar, digámoslo así, con su lado oscuro, y eso es lo que lo mata a fin de cuentas. Ahora bien, su caso de súper-hombre es distinto al de otros, pues Raskólnikov posee una idea que lo supera sin percatarse de ello. ¿Cómo es eso? Muy simple: Se va a confesar. Si él hubiera producido una idea a la altura de su imagen mental, de sus capacidades, no se habría confesado ante el policía, no habría revelado su crimen y tendría ya un poder de voluntad muy superior al de cualquiera a su alrededor.

            La crisis implica una construcción no de una torre que eleve por los cielos o nos lleve a allá, sino que sea capaz de bajar el poder divino a nosotros acá abajo. En otras palabras: No para alcanzar el cielo desde la Tierra, sino para bajarlo a la Tierra. Y ésta es precisamente la parte central de la constitución del súper-hombre: el poder de superar, repetimos incansablemente, lo que está a nuestro alrededor aquí en lo terrenal por querer llegar a lo celestial, a lo que, considera Raskólnikov, se merece por derecho divino.

            Él se considera algo más que un simple hombre, un hecho evidente. No obstante, ésa es su verdad, una verdad dentro de él, no fuera de él o a su alrededor. Lo más curioso, lo más interesante es cómo ese plan, esa idea que va evolucionando dentro de él es tan fuerte, tan densa y lo eleva a tal grado, que lo destruye, lo devora inmediatamente. Eso explicaría el epílogo de la obra, donde permanece en la cárcel y no precisamente feliz de lo que hizo, sino reflexionándolo detenidamente.

            Su plan lo lleva a su ruina personal. ¿Es acaso inevitable el que el súper-hombre muera, de alguna forma, a manos del hombre mismo? El hombre es finalmente lo que constituye, de buenas a malas, al súper-hombre. Es la razón de que éste desee impulsarse por ir más allá. Sin el hombre mismo, ¿cómo tendría el súper-hombre parámetros de sí mismo? ¿Existiría acaso?

            Si el súper-hombre busca librarse de Dios, de esas “cuerdas” que lo acorralan, ¿no vendría él representando lo mismo para el hombre en sí? Una cosa se consigue a pesar de otra. Esto mismo comprende Raskólnikov con el crimen, entonces, ¿qué sucede con los demás? ¿Actuarían en contra suya? Un ejemplo que elucida esto es el del sujeto que lo señala, que lo acusa de asesino.[42] Raskólnikov pudo haberlo cazado, manipulado o incluso matarlo, pero no lo hizo. Lo dejó ir para estudiarlo.   

            La crisis psicológica en la que está sumergido el súper-hombre (Raskólnikov) lo lleva por varios caminos a elegir una vez cometido el crimen. Está esta parte de la división personal (una parte de la conciencia, tema sobre el que abundaremos en el apartado final) y el cercamiento a la duda colectiva que plasmado en Sonia y otros personajes. Por ahora, y para terminar este penúltimo tema, conviene comentar la observación acerca de la destrucción personal que la crisis en Raskólnikov implica.

            Este hombre está representando un ideal, uno que quizá no llegue a encarar del todo debido a las propias consecuencias que esto implica. Sin embargo, está claro que marca una relación, una conexión con ella de maneras muy particulares. Forja una obsesión, una destrucción activa en tanto que es continua, como quien ingiere drogas y poco a poco éstas lo consumen física y psicológicamente hablando. No está de más la advertencia del peligro que eso acarrea, pero, ¿hay más opciones? No. La salida a la grandeza requiere de grandes sacrificios, y Raskólnikov está viviendo el suyo.

            Muy aparte de que la idea sea un elemento inmanente dentro de él, está la parte independiente de lo que sus actos conllevan por su lado. El crimen en sí mismo le provoca una vida de suspicacia y desequilibrio, donde la sombra del súper-hombre que lo persigue como su esencia alterna es demasiada para que él la soporte. Ésta puede ser la sutil ejemplificación del héroe en su mundo solitario en busca de la redención humana.

            Pero tenemos mucho cuidado, pues Raskólnikov no es propiamente un héroe, ¿Un criminal acaso que lo lleve a superar lo impuesto haciéndose notar por entre la multitud? La opción está presente, lista para ser aceptada. Finalmente, una vez desarrollada la crisis personal en él, lo que lo lleva a descontrolarse y confesarse, a enloquecer de confusión, y de voluntad, se encamina a su destino. Con esto damos pauta a lo que puede suceder después de la confesión, lo que ocurre muy dentro de Raskólnikov como ser humano.




2.3.-  La culpa, castigo y expiación en Raskólnikov.

La idea de querer superar el límite ante nosotros, de querer develar la falsedad en la verdad, el desengañarnos de lo que nos rodea, el querer salir al mundo y poder expresar nuestra verdad persona, son evidentemente el inicio de todo un recorrido que nos habla del súper-hombre y su destino con la humanidad. Ya hemos hecho una clara referencia a la implicación de la frontera entre el hombre y el súper-hombre y cómo influye esta transición en la sociedad misma.

            Expone aquí Dostoievski no a un criminal o un héroe tal cual lo concebimos, sino que se esfuerza por presentarnos un evento de la realidad que es común en nuestras mentes, pero no en la vida real. ¿Por qué? Sencillo. Aun a pesar de que logramos vislumbrar en Raskólnikov esa escisión que choca con la moral colectiva que lo rodea, no es preciso señalar o afirmar que ello supone ya un cambio radical en él con la pretensión de volverlo un ser humano lleno de bondad. Raskólnikov personifica a ese fenómeno atípico de la realidad con una formación individual caracterizada lo suficientemente bien como para tenerlo demarcado psicológicamente. Aquí no se trata de lo que significa el individuo para el mundo, sino de lo que el mundo significa para el individuo.

            Esto se da así porque es el mundo (familia, amigos, conocidos) lo que adquiere una importancia gradual con él, lo que define su acción y consecuencia mismas hacia el recorrido que ya ha sido iniciado. Recordemos que todo gira en torno al personaje, y no al revés, lo que nos lleva a centrarnos en la siguiente fase de Raskólnikov: la culpa después del crimen y lo que ésta implica. En el epílogo de la obra encontramos que Raskólnikov entra en un periodo de reflexión, pero nunca de arrepentimiento, de contrición. Aun tras las rejas lo que le interesa es saber cómo se encuentra su madre, pero no muestra señales de querer salir o de estar arrepentido por su crimen.

            En Raskólnikov no hay culpa alguna por lo que hizo, únicamente confiesa su pecado y de una manera poco común. Sin embargo, en la novela Dostoievski nos relata que Raskólnikov exagera los detalles de su crimen, ¿sería un resquicio de humildad? Detengámonos a verlo:


La sentencia, sin embargo, fue más benigna de lo que podía esperarse, teniendo en cuenta la magnitud del crimen, y precisamente, quizá, porque el acusado, lejos de querer justificarse, parecía manifestar el deseo de exagerar su culpa. Todas las extrañas y singulares circunstancias del caso fueron tomadas en consideración. No dejaba lugar a dudas el estado morboso e indigente del acusado antes de cometer el delito.[43]


Los jueces estudian, analizan las causas alrededor del crimen y encuentran ciertos factores con la posibilidad de influir notoriamente en la cordura del criminal. Es por ello que amainan la sentencia que le dictan, pues observan que parece ser un caso serio pero agravado exageradamente por los factores que lo envuelven. Ahora bien, las cosas no fueron tan malas y hubo quienes lograron demostrar que en la personalidad de Raskólnikov quedaban, latentemente, huellas de humildad. El claro ejemplo de cuando ofrece dinero para la salud de un señor a punto de morir.


Del modo más inesperado salieron a relucir otros hechos que favorecieron mucho al acusado. El ex estudiante Razumijin descubrió y presentó pruebas de que el acusado Raskólnikov, estando en la Universidad, había ayudado, con sus escasos medios, a un pobre condiscípulo suyo tuberculoso, manteniéndole casi durante medio año. Muerto el estudiante, Raskólnikov atendió al padre del fallecido, anciano y enfermo, a quien el hijo venía manteniendo con su trabajo desde la edad de trece años, consiguió ingresarle en un hospital y, cuando a su vez falleció, le costeó el entierro.[44]  


            Mencionamos esta escena como prueba de que Raskólnikov no es malo en esencia, sólo buscaba salir de un apuro bajo medidas extremas, pero también se mostró dócil para ayudar cuando lo necesitaban. Debajo de una aparente capa de maldad, se esconde un hombre que, a la larga, sólo busca el bienestar de su entorno. Comete un crimen, busca salir de un apuro mediante la única solución que parece anunciarse ante él, lo comete sin el menor ápice de dolor o confusión, sino que, al contrario se ve resuelto a hacerlo, pero también recordemos que se ve a sí mismo haciéndolo casi en automático, como si no hubiera marcha atrás en su destino.

            Aquellos momentos que nos orillan a  las decisiones más difíciles, pero, ¿Fue difícil acaso la decisión de Raskólnikov? No. Ver la dificultad en una decisión implica que pasarás por un futuro arrepentimiento que podría hacerte enloquecer en un futuro inmediato y Raskólnikov no pierde los estribos del todo. Incluso parece totalmente consciente de lo que hace.[45] Ahora bien, ¿dónde queda la culpa? Quizá Raskólnikov no la sienta, pero otros por él probablemente sí.

            Veamos el caso:


- Estás llorando, hermana; pero, ¿puedes darme la mano?

¿Lo habías dudado?

               Le abrazó con fuerza.

¿Acaso no expías la mitad de tu crimen al aceptar así el sufrimiento?- gritó, estrechándole con sus brazos y besándole.

- ¿Mi crimen? ¿Qué crimen? --- rugió él en un repentino acceso de furia ---. ¿Es un crimen el que haya matado a un piojo asqueroso y nocivo, a una vieja usurera que no le hacía bien a nadie, cuyo aniquilamiento debería premiarse con la remisión de cuarenta pecados, que les chupaba la sangre a los necesitados? Yo no pienso en el crimen ni tampoco en expiarlo. ¡Un “crimen”! No sé por qué tenéis que darle todos tantas vueltas a eso de un “crimen”. Ahora es cuando veo toda la estupidez de mi cobardía; ahora que he decidido arrostrar ese oprobio innecesario. Sólo por mi propia ruindad y por mi incompetencia me he decidido; y quizá también por cierta ventaja, como me propuso ese…Porfiri…

Rodia, hermano mío, ¿qué estás diciendo? ¡Has derramado sangre!- exclamó Dunia desesperada.

 - La sangre que todo el mundo derrama --- replicó él casi frenético ---. La sangre que corre y ha corrido siempre a torrentes, que es vertida como el champán y por la cual coronan a algunos hombres en el Capitolio y luego les llaman bienhechores de la humanidad. No tienes más que fijarte bien. También yo quería beneficiar a la humanidad y habría hecho miles de de cosas buenas a cambio de esa única estupidez, que ni siquiera es una estupidez, sino una simple torpeza, pues la idea no era en absoluto tan tonta como parece ahora que ha fallado…Y es que cualquier idea es estúpida cuando falla. Con esa estupidez yo sólo quería crearme una situación independiente, dar un primer paso, obtener medios…Luego, todo quedaría borrado por un beneficio incomparablemente mayor…Pero, yo no fui capaz de aguantar ni siquiera el primer paso…¡porque soy un miserable! ¡Ahí está el quid de la cuestión! Yo no puedo considerar las cosas desde vuestro punto de vista: si hubiera resultado bien, me habrían puesto una corona; como ha fallado, el cepo.

Pero, si no es eso, ¡en absoluto hermano! ¿Qué estás diciendo, hermano?

- ¡Ah! Se trata de la forma, de que la forma no es suficientemente estética. Lo que no acierto a comprender es por qué se considera una forma más digna el machacar a la gente a bombazos durante un asedio en regla. El temor a faltar es el primer indicio de impotencia…Nunca lo había comprendido así con mayor nitidez que ahora, y ahora menos que nunca comprendo que sea un crimen lo que hice. Nunca me he sentido más fuerte y más convencido que ahora. ¡Nunca![46]   


Y aquí podemos verlo precisamente. En esta escena está clarificado ese deseo de matanza, nunca el arrepentimiento y el intento de Dunia por comprender los motivos de su hermano. Raskólnikov, en el fondo y de manera casi definitiva al final, siente ese resquicio de arrepentimiento, una sombra de contrición personal que bien podría verse expresada en su enfermedad, la que lo acecha en sus últimos momentos como resultado de una esencia humana que no puede desvanecerse, por encima de los cambios que su superioridad le otorguen.

   Dunia intenta comprenderlo, hacerlo razonar, pero Raskólnikov se ve resuelto en su ideal, tan apegado a su idea enfermiza que incluso parecería que se desvía de su argumento. Si nos vamos lejos, esta escena podría fungir como una clara ejemplificación de cuando lidiamos con algún loco al cual intentamos hacer razonar. Entonces, se presenta una nueva cuestión lejos de ser aprobada: ¿Es el súper-hombre alguna clase de loco? No precisamente, sino que dentro de la locura misma es que el súper-hombre es capaz de generarse, de permanecerse, de “inculcar” sus ideales extraños ante los demás y que logre transmitírselos por encima de cualquier obstáculo. Sin la locura misma, ¿cómo sería él capaz de visualizar su propósito?

Y no sólo eso, sino que en el diálogo también Raskólnikov confiesa con las de ganar el por qué del “crimen”: “Yo sólo quería crearme una situación independiente”.[47] Una excusa poco sólida como fundamento. Si bien para él representa toda la causa y el motivo como para haber asesinado, para Dunia no es más que una idea absurda, algo carente de verosimilitud y verdad. 

Nunca Raskólnikov siente la necesidad de dejar atrás el error, de arrepentirse por ello, sino que, al contrario, se mantiene firme en su resolución. Aquí se nos presenta al súper-hombre, después de su gran hazaña, junto con su verdad ante el mundo que le rodea, comenzando por los más allegados a él. No siente culpa alguna por sus acciones, al contrario, se siente digno de ellas, portador de sus verdades, y con éstas capaz de sobreponerse a lo ajeno, sin importar qué ocurra. ¿Es que todos somos así en el fondo? Lo dudo, y contradiciendo este juicio lo mismo podría pensarse de Raskólnikov.

Con esto damos por concluido el segundo apartado, entrando al tercero, donde el reto será empalmar más coherentemente a Dostoievski con Nietzsche, explicando más detenidamente la faceta del súper-hombre por descubrirse promotor de una verdad novedosa. Con él arribo a mi tema inicial que es el ser humano en su esencia más completa.  

           



CAPÍTULO III 

LA CONCIENCIA COMO PARADIGMA MORAL

Conciencia. Una palabra poderosa de la que se suele hablar poco, pero que sin embargo todos la llevamos dentro y a veces prescindimos de ella. En Raskólnikov juega un papel muy relevante, por ser ésta la que lo conduzca a uno u otro camino. Antes de darle una pronta caracterización que nos lleve a suponer que la conciencia reprende al hombre, detengámonos ante la perspectiva de que la conciencia quizá pueda construir la pauta social que mantiene la esencia del súper-hombre unida a la del hombre mismo.

            El súper-hombre (Raskólnikov) se ha abierto un camino lejos de concluir, y en éste conlleva el cargar con una verdad personal: guiar a la humanidad por una aparente nueva moralidad que puede ser puesta en duda. Su hermana Dunia será la representación del objeto moral inamovible que aun tiene mucho por lo cual creer, sin importar qué tan desastrosas sean las circunstancias. La cuestión que sustentará este tercer apartado será descubrir si a partir de un análisis moral es que el súper-hombre puede o no sentir cierta culpabilidad por sus actos, como en este caso, Raskólnikov.

              Volvemos con nuestra interrogante, la que nos ha aquejado desde el inicio, ¿Qué tan desastrosas tienen que ser las circunstancias[48] para que un hombre determinado se vea impulsado a cometer crímenes? Es en el momento de más necesidad donde la conciencia pierde su vigor más esencial y que el hombre se ve estimulado a ir más allá de lo que “le está permitido”. Cuando la ansiedad, la presión, todos esas emociones humanas nos embargan es porque la representación moralista (la conciencia) deja de influir en la mente y los actos humanos que se vuelve todo difuso y pensamos que todo se agravará.[49]

             Las resoluciones del ser humano siempre que se trate de errores, equivocaciones o, en su defecto, crímenes, son señalamientos claros que apuntan a una prueba por la humanidad dentro de un solo individuo. ¿Tiene la conciencia alguna clase de autoridad sobre el individuo o es que ésta desaparece como parte del proceso de transformación al súper-hombre? Yo diría que no es que permanezca o se pierda, sino que la conciencia misma fungiría como el parámetro moralista situacional que orilla al individuo a seguir su desplazamiento en la posición trascendental que ha tomado en relación a la humanidad.

            Hemos reflexionado si el súper-hombre es alguna clase de portador de una nueva moral o, la misma moral con enfoques y propósitos diferentes. Y una nueva moral que, desde luego, sea capaz de suplantar lo que se considera inadecuado, de ahí que el individuo (Raskólnikov) mate a la usurera por considerarla “un bicho raro”. Un cambio de sentido que otorga un panorama de realidad distinto desde el cual juzgar a los pocos dignos, como la vieja usurera en este caso.

             La conciencia puede llegar a ser esa “ancla” con la cual todavía el súper-hombre sea capaz de recordar o mantener cerca su humanidad. Y de ahí a pensar que quizá, gracias a aquélla, sigue guardando un recuerdo de lo que fue. La conciencia es lo que nos recuerda nuestras fallas y que nos permite reflexionar, de una u otra forma, aquello sobre lo que actuamos mal. Y he aquí precisamente nuestro análisis: los parámetros de conciencia pueden variar según el contexto histórico que tenemos o que se presenta, pero ¿Cambiaría nuestra humanidad a la par que la conciencia?

            Porque de ser así hablamos de un posible cambio de actitud que también es susceptible de una variación en el contexto socio-histórico en que se presente. Ahora bien, si nuestra humanidad cambia al considerar estas cuestiones, hablamos también de un cambio de percepción que le damos al mundo con respecto de nuestra propia existencia. Si partimos del supuesto de que la moral está sujeta a una variación de interpretación con el paso del tiempo, también puede estarlo la conciencia, y es por ello que su estado de moralidad se juzga a partir de la perspectiva en cuestión, por ello se puede llegar a justificar la actitud de Raskólnikov: actúa según lo que considera adecuado.

            Así pues, vemos que la moral y la conciencia, dos elementos aparentemente concomitantes guían la vida humana – y la súper-humana – por un sendero de recreación inter e intra-personal con el fin de darle un nuevo sentido a algo que ya está ahí. Dicho esto, podemos comenzar con nuestro apartado, donde el tema de la conciencia será nuestro referente principal.

           

3.1.- El modelo variable entre una moral obsoleta y la Soberanía en el Súper-Hombre.

Como venimos manejando esta cuestión de la moral cambiante en el prólogo se sujeta a análisis si hay un nuevo tipo de moral o si se extremiza lo que ya conocemos. La moral decadente representa ese dudar en el ser supremo como supuesta guía de la humanidad en tiempos de mayor necesidad, y es por eso que la llegada del súper-hombre adquiere tanta importancia: encaja perfectamente con la personificación de un mesías al que se le debe otorgar la atención de quien viene a entregar su verdad a difundir.

            La moral que viene a sustituir el hombre ha quedado reemplazada por su figura, con la que logra abrirse paso a su alrededor anunciando, ya evidentemente, la muerte de Dios. Pero entonces ¿Puede el súper-hombre lograr un dominio de sí mismo ahora que ha sustituido a otro? Porque, como dijimos antes, la forma de no “separarse” del todo del camino que dejó es recordarse a sí mismo humano, más que nada.

            “Si no hacemos – dice – de la muerte de Dios un renunciamiento grandioso y una continua victoria sobre nosotros mismos, habremos de pagar caro esta pérdida”.[50] Y esa misma victoria es la que ha emprendido ya el hombre para convertirse en súper-hombre. Renunciar voluntaria y conscientemente a la idea de que el Dios que creíamos ver allá afuera protegiéndonos no es más que una ilusión.

            Esa ilusión implica de paso la pérdida de la moral de la época, y como el súper-hombre viene a suplantarla, entra en crisis. Como se repitió antes “Desde que no hay un Dios, la soledad se ha hecho intolerable; es preciso que el hombre superior ponga manos a la obra”.[51] El crimen es la prueba fáctica de que no hay moral sostenible al entrar la humanidad en crisis personales como proceso de asimilamiento de la nueva realidad. Viene el súper-hombre a proclamarlo “No existe un Dios como tal” y no es que el súper-hombre aparezca con habilidades sobrenaturales ni mucho menos, sino que es su voluntad de ser, su valor lo que impacta su entorno, lo que lleva a los que lo rodean a cuestionarse, más que nada, su atrevimiento, y al verlo tan seguro es que comienzan los análisis individuales por querer conocer la verdad detrás del acontecimiento.

            Ahora bien, dice:

¿Cómo nos consolaremos nosotros, asesinos entre asesinos? Nuestro puñal ha vertido la sangre de lo más y poderoso que el mundo ha tenido hasta hoy…¿Quién nos lavará esta sangre? ¿Qué expresiones, qué acción sagrada habremos de inventar? La grandeza de este acto es demasiado enorme para nosotros; ¿no tendremos que hacernos dioses para conseguir tan sólo la apreciación digna de esta grandeza? No hubo nunca acción tan grandiosa, y sean los que sean que nazcan después de nosotros, pertenecerán, por causa de ello, a una historia más alta que ninguna otra hasta el presente”. [52]  


            Y como surgen es ahí donde el súper-hombre pone un pie para erigirse entre la multitud y proclamarse líder de ésta. La pérdida de la moral lleva implica estos cuestionamientos por encima de lo que pudiera acaecer. Sin embargo, es en “La grandeza de este acto es demasiado enorme para nosotros…” donde se demuestra que hay hombre que son sólo eso, hombres; pero el súper-hombre va más allá, naturalmente. Por ello es quien es, y más aún porque toma ventaja de la duda colectiva para transformarla en su oportunidad de formación.

            Él sabe que no hay una moral concreta, sino algo que fungió como esclavitud volitiva entre los hombres y que es eso lo que los “guió” por siglos enteros hasta que una persona tuvo el valor de enfrentar lo establecido. Ejemplificado esta cuestión con la voluntad de seguir de Raskólnikov vemos ese deseo de amar la vida sin importar las consecuencias que ello pueda acarrear. ¿Qué significa? Que el súper-hombre se mueve en un margen fáctico de posibilidades dentro de lo positivo que el entorno ofrece, pero sin perder de vista su propio camino, pues al iniciarlo moldea por completo todo lo que conoce.

            Tenemos aquí Raskólnikov, el más débil de todos los “hombres-Dios”. Ese estudiante miserable que vive en su cuartucho de San Petersburgo ha concebido, se le ha ocurrido una idea capital importantísima. A él se le ha ocurrido pensar que los hombres pueden dividirse en dos categorías: El hombre inferior, o vulgar; y el hombre superior, que ha recibido el don de proferir una nueva palabra que conduzca a la masa por un camino distinto que implique una re-estructuración moralista.[53]

            ¿Hay acaso aquí un resquicio de moral? Algunos contemplan dicha posibilidad. Y esto si recordamos posteriormente a Nietzsche con su adagio “Ha considerado el crimen como necesario para la grandeza humana”.[54] En esta perspectiva vemos inmerso al siniestro Svidrigáilov, el que entabla una conversación con Raskólnikov en un momento dado, dirigiéndose a la hermana del asesino. De esa manera retrata la moraleja que esta historia implica.

            La representación del súper-hombre en lo moral se nos puede presentar cuando Dostoievski exhibe a su personaje, Raskólnikov, en la cárcel, poco antes de que Sonia lo entreviste definitivamente, repasando su propia historia como una pesadilla tal cual. Aquí es cuando la cuestión de si hay una moral o no se pone a prueba. Si no la hay, ¿por qué duele tanto el error? Porque Raskólnikov todavía se recuerda y concibe como humano, aun cuando haya superado las barreras que detienen a un hombre común.

            Él ha forjado ese camino que parecía indesafiable. No obstante, Raskólnikov suspira por sentir arrepentimiento, ¿sería lo mismo que desear tener una moralidad personal? Pero al ser súper-hombre, ¿cómo sabemos que lo que busca no es más bien una moral distinta a la ya quebrada? ¿No es él el representante de esa ruptura? Sí, y de una moral que implica de paso una auto-destrucción personal con la pretensión de una perfección que se buscaba en Dios y que terminó encontrándose en la Tierra, en el súper-hombre mismo.

            Un hombre que, como súper-hombre, sigue su propio camino, sigue lo que él cree conveniente sin más, pero algo es importante mencionar: el paso que el súper-hombre ha dado tras percatarse de la ausencia divina, es simplemente porque antes de darlo reflexionó que podía darlo, que podía hacer algo distinto. Y al entrar él a ese ámbito de reflexión es como concibió su propia moralidad fundante, de la que podría desprenderse una ideología propia, porque hasta la no moral es una moral, pero distinta, sujeta a un periodo de juicio distinto donde los márgenes de apropiación personal-moralista son diferentes.

                Y es esa nueva moral el punto o parámetro de partida lo que conducirá al hombre a la interrogación por la verdad del súper-hombre. ¿Que la única forma en que el hombre puede ser libre es despojándose de la idea divina? La doctrina de un Dios protector, desde Dostoievski sólo cumple la finalidad de la pronta transformación del hombre en aquello que debe superarlo: su propio instinto, su deseo de ir más allá, sus ganas de vivir fuera del margen fáctico establecido.[55]

            Desde el momento en que el hombre se convirtió en súper-hombre al darse cuenta de su capacidad humana y social, es cuando desquebrajó el concepto moralista de la época en que vive, o la época determinista pues, y se puso en el centro de la guía venerada por la humanidad misma. Se impuso las consecuencias y las normas que dicho proceso implicaba, pero más que eso todavía fue la inclusión de la posición soberana que adquirió al atreverse a enunciar algo sucesor a lo que establecido.

            Pero volviendo a la interrogante con la que iniciamos este sub-apartado ¿Es necesario re-afirmarse a través del crimen? ¿Es así que un hombre puede probarse a sí mismo que es hombre y más ante los demás? Raskólnikov así lo cree. Como lo dice aquí:


Tú has otorgado la libertad a los hombres, en lugar de confiscarla. ¿Has olvidado que el hombre habría preferido a la libertad de escoger entre el bien y el mal, la paz, aunque hubiera sido la paz de la muerte?...Tú tenías del hombre una idea demasiado elevada: ¡Es un esclavo aunque haya sido creado rebelde!...La inquietud, la duda y la desgracia, he ahí el premio de los hombres liberados por su sufrimiento”.[56]


            Un esclavo de su porvenir. Un esclavo de su destino, de su camino. Eso es el súper-hombre, ejemplificado, ya evidentemente, en Raskólnikov. Representa esa moralidad en declive de sí misma por la sombra de una nueva en camino. Cometer un crimen quizá pueda probar algo, pero para Raskólnikov representa la prueba de su superación personal que implica y supone un nuevo camino, el llamado a la preparación de su nuevo destino. Mató a una mujer, una usurera por razones que él consideraba válidas, pero ciertamente no lo eran igualmente para todos los demás a su alrededor.

            Así pues, se mostró dispuesto a encarar sus consecuencias, las más próximas incluso, pero luego vino la conciencia de su causalidad. ¿Qué implica ello? Pasemos al siguiente apartado.


3.2.- La concepción del perdón en Crimen y Castigo.

Raskólnikov como súper-hombre o el súper-hombre en Raskólnikov. Una vez sobrepasado los límites ¿Puede haber oportunidad de regresar? ¿De arrepentirse? Cruzamos la línea entre ser un simple hombre o ser capaz de ir más allá, de ser el súper-hombre que Nietzsche predice. Será nuestro entorno y las personas en él lo que determine qué camino, qué sendero seguir después de cruzar la línea.

            En esto mismo se ve inmerso Raskólnikov una vez que le ha confesado a su hermana el crimen que cometió así como las razones del mismo. Veamos el diálogo en el cual Raskólnikov habla con su hermana Sonia acerca de lo que ya hizo y cómo reaccionan cada uno:


- ¿Has adivinado? – murmuró al fin.

¡Dios mío!    Exclamó Sonia.

               Un horrible alarido escapó del pecho de Sonia. Cayó sin fuerza sobre la cama y hundió el rostro en la almohada. Pero al instante se incorporó de golpe, fue a él impetuosamente, se apoderó de sus manos y, estrechándolas entre sus finos dedos como si fueran tenazas, se le quedó mirando otra vez intensa y fijamente. Con esta última mirada de desesperación intentaba descubrir y captar algún atisbo de esperanza. Pero no la había. Ya no había lugar para la menor duda. ¡Todo había ocurrido así! Más adelante, al rememorar ese momento, se maravillaba de haber advertido entonces de golpe que no había ya lugar a la menor duda. Y no podía decir, por ejemplo, que había presenciado algo de ese género. Sin embargo, ahora, en cuanto él habló, le pareció súbitamente que, en efecto, eso mismo había presentido ella.

- ¡Basta Sonia, basta! ¡No me atormentes! – rogó Raskólnikov con voz plañidera.

No era de ese modo, no era en absoluto de ese modo, como habría querido él descubrirle la verdad, pero había resultado así.

Como enajenada, Sonia saltó de la cama y llegó hasta el centro del cuarto retorciéndose las manos, aunque enseguida volvió a sentarse junto a Raskólnikov, casi hombro con hombro. De repente se estremeció, como herida por un puñal, lanzó un grito y, sin saber ella misma por qué, se hincó de rodillas delante de él.

“¿Cómo ha podido…cómo ha podido cargar con eso sobre su conciencia?”   Profirió, desesperada. Se levantó y le echó los brazos al cuello, estrechándole con todas sus fuerzas.

Raskólnikov se apartó y la contempló con una sonrisa triste.

- Eres extraña, Sonia – dijo -. Me abrazas y me besas después que te he contado eso. No sabes lo que haces.

“No, no. Ahora no hay en el mundo entero nadie más desdichado que tú” exclamó ella exaltada, sin atender a su observación, y de pronto estalló en sollozos, como presa de un ataque de nervios.[57]


            Aquí  podemos ver la ejemplificación de ese resquicio de perdón donde Sonia intenta, con sus propias herramientas, tratar de hacer ver a su hermano el error en que ha caído, pero éste se asombra más de la reacción de su hermana, pues creyó que ella lo repudiaría o peor, pero en su lugar, intentó comprenderlo e imaginarse la gama de emociones que representaban y embargaban a su hermano en el momento del crimen.

            ¿Puede haber aquí una posibilidad de perdón? Quizá sí si él hubiera cedido y aceptado la palabra de su hermana. En su lugar se muestra desconcertado por su actitud ante la verdad. Puede ser éste el ejemplo representativo de cuando se nos anuncia la pre-noticia de una supuesta verdad con fines colectivos y nos rehusamos a creerla por sobre todas las cosas. El caso de Sonia podría ser una buena ejemplificación de la parte del ser humano que aún desea ver lo bueno en lo malo, por muy desastrosa que sea la situación.

            Dicho esto, podemos trasladarnos a la reflexión de lo que el perdón implica dentro de las circunstancias más desastrosas. Ahora bien, nos movemos en el enfoque del perdón personal que acarrea la persona que comete el crimen, pero ¿Qué hay de un perdón por parte de la gente externa, un perdón colectivo? Como lo dice:


La sentencia, sin embargo, fue más benigna de lo que podía esperarse, teniendo en cuenta la magnitud del crimen, y precisamente quizá, porque el acusado, lejos de querer justificarse, parecía manifestar el deseo de exagerar su culpa. Todas las extrañas y singulares circunstancias del caso fueron tomadas en consideración. No dejaba lugar a dudas el estado morboso e indigente del acusado antes de cometer el delito. El hecho de que no se lucrara con lo robado se acachó en parte a un remordimiento incipiente y, en parte también, a que no se hallaba en el pleno dominio de sus facultades mentales en el momento del crimen.[58]


            Con este diálogo podemos también observar la plataforma desde la cual formamos la hipótesis de que las acciones del súper-hombre se verán siempre moralmente determinadas por el pueblo al que superará, tarde o temprano. Es cierto lo que venimos tocando acerca de que la naturaleza del súper-hombre es sobreponerse al límite que el hombre mismo teme, pero incluso esa barrera, esa decisión, se ve determinada moralmente por los que lo siguen, los que lo idolatrarán.

            Raskólnikov, como súper-hombre, acepta su condena, pero aquí hay algo más profundo si lo queremos ver así: El súper-hombre, él mismo evidentemente, se encuentra en la faceta de su proceso donde debe aceptar la consecuencia de sobrepasar el límite que la sociedad concibe y que vislumbra a lo lejos. No obstante, expresar su crimen como algo más allá de lo que fue, lo que da ese sentimiento de análisis con relación a una muerte personal donde la moral interna sucumbe a necesidades mayores como la de solventar un desequilibrio socio-interno.  Como dice: […] ¿Has olvidado que el hombre habría preferido a la libertad de escoger entre el bien y el mal, la paz, aunque hubiera sido la paz de la muerte?...[59]

            La necesidad del individuo por posicionarse en un plano personal de retrospección donde daría lo que fuera por sentir arrepentimiento, entonces podemos verlo como un ser que, aunque no lo posee, tiende a desearlo como algo básico en su vida, como una tendencia difícil de obtener pero que se vuelve un objetivo primordial en el súper-hombre. Ahora bien, de ser así, ¿Por qué sentirse mal o similar después de pagar la consecuencia del acto?

            Sólo la sociedad condenando al súper-hombre por su crimen, podría ser capaz de auto-concientizarse acerca de lo que ese crimen, ese recorrido implica, pues ¿De          qué otro modo lograría el súper-hombre que su alrededor se percate de la posición histórica en que se halla? ¿Del error que ha cargado por mucho tiempo? Si no es capaz el súper-hombre de matar a su hombre interno, a su Dios, lo que fue ¿Cómo será capaz de someter al pueblo del que viene a redimir su pasado volviéndose a un futuro porvenir lejos de falsedades?

            Como lo expresa: “En verdad, ¿Qué destino más trágico que el de estos obreros de la mentira y de la servidumbre, que ven con toda lucidez la nada en que han sumido a los hombres o aquélla a la que ellos mismos se encaminan?”[60] El súper-hombre, cumple con un propósito de fondo detrás de ese “querer superar el límite”: Viene a concientizar al pueblo de retractarse del camino que han tomado y por tanto, que todavía no es tarde para salvarse.

            ¿Está aquí el perdón expresado, representado y de manera colectiva ante un hecho singular? El súper-hombre se ve a sí mismo como imagen y hecho de algo que es cambiante, se ve como posicionado en la representación del llamado de un porvenir venidero por sí mismo. ¿Será el perdón la verdadera salida del crimen? ¿La manera de redimirlo sin importar qué tan complejo sea éste? Quizás no sea un perdón tal cual lo podemos concebir, sino un perdón a través del tiempo, de la acción del hombre que perdura, que se modifica continuamente.

            Porque si lo que el súper-hombre busca es la redención colectiva y es eso mismo lo que lo impulsa a superar lo que otros no, ¿Qué hay de su propia salvación? Esto ya lo hemos venido comentando previamente. La diferencia ahora radica entonces en la cuestión de qué es lo que sigue tras la supuesta integración del perdón en la esencia del individuo corrompido que no tiene más que seguir el evidente camino ya expuesto: proclamar su propia verdad.

            ¿Perdón por lo que ha hecho? No. Perdón a sí mismo probablemente por el sufrimiento de pasar por las condenas que enfrenta al encarar la falsedad impuesta. El súper-hombre prevé aquí algo todavía más profundo, algo que está por venir y que sólo él logrará integrar en el mundo a su alrededor. Este nuevo cambio advierte regularidades comunes dentro del marco colectivo presente. Veamos la cita:


[…] Solamente hace notar una cosa: que estos sistemas y los que se les parecen dejan al margen un elemento; este elemento, este dato, es el hombre mismo, lo que constituye el fondo de su ser y que escapará siempre a las determinaciones de la ciencia, como escapará eternamente a la captación de la razón.[61]


            El elemento común en todo este cambio: El hombre que trasciende, que deja huella. Después de aceptar el margen de su naturaleza a la expectativa de lo que tiene y lo que tendrá ante sí, reconoce, comprende y emprende su camino hacia sus consecuencias últimas. Como en Zaratustra, el súper-hombre viene a anunciarse y trae consigo la noticia de la muerte divina y todo lo que ello implica. Con el riesgo de parecer un loco, se encamina a promover la nueva verdad.

            Raskólnikov paga por el crimen que comete tras la creencia de que puede hacerlo sin problemas. No obstante, ello implica pagar por la voluntad misma del hecho. ¿Puede acaso haber retorno? Depende de las acciones que se basan nuestras decisiones más importantes. Raskólnikov toma una decisión una vez el hecho cometido y se aventura a enfrentar su porvenir. Con ayuda de la presencia de Sonia, él logra enfrentar su destino, el camino detrás de la consecuencia sin importar qué ocurra después. ¿Y qué pasa después?

            Incluso más allá de pagar por la consecuencia, en Raskólnikov aparece la representación figurativa de Sonia, como la esencia de aquellos valores que todavía no desaparecen del todo. Y eso justo eso lo que lleva a Raskólnikov a testificar, pero, de no haber sido por Sonia, ¿Se habría aventurado el muchacho a enfrentar su destino? ¿Marca este hecho la sutil transición en que el individuo se despide para siempre de los valores? La posibilidad está ahí. En virtud de lo cual, podemos decir que el acto en el que Raskólnikov está por evadir lo que debe enfrentar aparece Sonia como un “recordatorio axiológico” de eso que debe trascender como el súper-hombre y por ello lo logra.

            ¿Arrepentimiento? ¿Perdón para sí mismo? Lo cierto es que en todo el tiempo hasta justo antes de testificar Raskólnikov actúa de un modo taciturno, como lo mencionábamos antes. Veamos el ejemplo:


Parecía desquiciado. Ni por un momento podía permanecer en el mismo sitio o concentrar la atención en el mismo objeto. Sus pensamientos se atropellaban, habla sin coherencia, y le temblaban un poco las manos. Sin decir nada, Sonia sacó de un cajón dos crucifijos uno de madera de ciprés, y el otro de cobre, se santiguó, le hizo a Raskólnikov la señal de la cruz y le puso al cuello el de ciprés.

- De manera que éste es el símbolo que cargo con mi cruz, ¡Jeje! ¡Como si no hubiera sufrido bastante hasta ahora! La de madera de ciprés es la corriente; la de cobre es la de Lizaveta y la llevarás tú. A ver, enséñamela. ¿La llevaba al cuello…en aquel momento? Recuerdo dos cosas parecidas: un crucifijo de plata y una imagen pequeña. Las arrojé entonces sobre el pecho de la vieja. Ésas son las que de verdad debería ponerme yo ahora…Pero estoy diciendo tonterías y me olvido de lo principal ¡Qué distraído me he vuelto!...Mira, Sonia: en realidad he venido para prevenirte, para que sepas…Y eso es todo…Sólo para eso he venido. Hum…Verdaderamente pensaba que diría algo más. ¿No querías tú que me presentara? Bueno, pues ya está: me meterán en la cárcel y se cumplirá tu deseo. Pero, ¿por qué lloras? ¿También tú vas a llorar? Déjalo ya. Bastante mal lo estoy pasando…

    Su sensibilidad, sin embargo, se había despertado y se le oprimía el corazón de verla. “Y ésta, ésta, ¿por qué tan afectada? –. ¿Qué soy yo para ella? ¿Por qué llora? ¿Por qué se despide de mí como lo harían mi madre o Dunia? ¡Ni que fuera mi aya!”. Pensó Raskólnikov.

“Santíguate y reza, aunque sólo sea una vez” rogó tímidamente Sonia con voz temblorosa.

- ¡Oh, todo lo que quieras! Y de todo corazón, Sonia, de todo corazón…

   De hecho, habría querido decir otra cosa.

    Se santiguó varias veces. Sonia buscó una prenda para ponérsela en la cabeza. Era un mantón de paño verde, probablemente el “de familia”, del que le habló Marmeládov. La idea le pasó a Raskólnikov por la mente, pero no preguntó nada. Empezaba a sentirse efectivamente muy distraído y agitado hasta la exageración y le produjo un sobresalto comprobarlo. Luego le sorprendió ver que Sonia se disponía a acompañarle.

- ¿Qué haces? ¿A dónde vas? Quédate aquí, quédate. Iré yo solo – gritó contrariado, casi resentido, yendo hacia la puerta -. Ni que necesitara séquito…- rezongó al salir.

   Sonia se quedó plantada en medio de la habitación. Raskólnikov ni siquiera se despidió, se había olvidado de ella; sólo ardía en su alma una duda acerba y rebelde: “¿Realmente debe ser todo así? – se preguntó una y otra vez mientras bajaba la escalera -. ¿No existiría la posibilidad de detenerlo y enmendarlo todo…y de no ir?”[62]

           

            Para un perdón es necesario un arrepentimiento. ¿Está eso aquí expresado? No. Raskólnikov podrá ver a Sonia poco antes de confesarse, pero no siente el arrepentimiento tal cual lo concebimos nosotros sino que, no obstante, lo toma como una actividad retrospectiva, y aún más por regresarse a confesar. No ir porque tiene miedo, naturalmente. No se cree haber sido capaz del crimen que cometió, pero jamás se detiene o huye de su destino, sino que continúa hasta el final.

            Por su lado Sonia lo perdona, y trata de enmendar hasta donde ella puede el daño reparado. De ahí que lo visite continuamente ¿Para qué? Para leerle la Biblia. ¿Qué significa esto? Como dijimos anteriormente ella representa esa “ancla” por los antiguos valores que están por desaparecer, y ella al predicar la palabra de un modo tan sutil está recordándole a Raskólnikov la verdadera representación de sus actos. Por eso él se muestra tan taciturno: El proceso tan profundo en que se encuentra le proporciona, muy probablemente, un dolor emocional que le tomará tiempo digerir.

            Eso trae incluso la consecuencia de que se preocupe por saber cómo está su madre y más aún cómo tomó su noticia, la noticia de su crimen y el destino que le tocó ante este hecho. Sonia representaría lo divino, lo cristiano de un modo puro y consolidado, firme, tenaz y sobre-valorado. Así como en Zaratustra, el súper-hombre confronta su destino: anunciar la verdad de la que hemos hablado, pero todavía no especificamos a qué nos referimos. ¿Cuál verdad? ¿De qué estamos hablando? ¿Qué es eso que el súper-hombre, personificado en Raskólnikov, representa?

El anunciamiento de la verdad de que Dios y los valores que mantuvieron nuestra moral establecida por siglos, han “caducado” y es necesario sustituirlos por algo nuevo tomando como parámetro el pasado mismo del hombre, por eso es tan arriesgada la tarea que se impuso el súper-hombre al decidir confrontar a los suyos, a los que lo rodeaban como parte de una sociedad transitoria.

No hay perdón por lo que se hizo ni por lo que se hará, eso es un hecho, pero lo que sí debe mantener es su independencia con el mundo, esa independencia que lo “descarrila” con las reglas mismas, las que consideró viejas, obsoletas y lo hicieron lo que es: un súper-hombre.

“Lo que le hace falta al hombre es la independencia, no importa a qué precio”[63], y claro una independencia que le permita, digámoslo así, cierta movilidad moral dentro de su campo de acción, de su campo fáctico en el  acaecer continuo. Ciertamente el súper-hombre necesita reunir su fuerza interior para enfrentar al mundo, mostrarse como lo que es, aunque también está claro que si no fuera por esos valores que terminó considerando superfluos, nimios, no se habría atrevido siquiera a pensar en atreverse a derribarlos, pero ¿Es lo suficientemente poderoso el motivo de una moral difamada lo que respaldaría la justificación de creerla sin sentido?

Si el súper-hombre mantuviera una línea de dependencia con respecto de aquello a lo que desea desapegarse, no tendría sentido alguno, en cambio, si se disgrega digamos de los valores presentes que nada aportan a la humanidad, estamos hablando primero, o antes que nada, de una independencia interna personal que desemboca en una comunitaria, pues el súper-hombre viene a revelar lo que sabe: Dios ha muerto, y con él todo lo que implica, lo que representa, los antiguos valores que sólo destruyen, permutan y limitan al hombre mismo a apreciar la vida misma. Eso debe acabar. El súper-hombre ha llegado para eso.

¿Perdón? Reitero que no. Ello implicaría un arrepentimiento por sus actos y, de paso, un retroceso en su transformación de súper-hombre. ¡Desde luego que no! Pero si el perdón no es el factor clave aquí, ¿qué lo es? ¿Qué es lo que podría ocultarse algo más allá en la profundidad del ser humano, de sus emociones, de sus acciones, allá inmerso en la conciencia? Pasemos pues, al tema penúltimo antes de ahondar en mi tema principal y con el cual concluiré mi investigación.

                         

3.3.- El Amor como Transfiguración de la Conciencia.

La permanencia de figuras como Dunia, Sonia y la mamá mantienen un hilo emocional en Raskólnikov que poco a poco irá creciendo en su interior. Si bien está claro el hecho de que aceptó su camino, sus consecuencias por el crimen que cometió, era seguro que no deseaba que su mamá supiera qué había hecho que lo metieron preso. Este enfoque de su problema es interesante, y aun más porque mantiene un rasgo propenso en su personalidad.

            A pesar del crimen que cometió, no se apoderó completamente del objeto robado, del mismo podemos decir que le preocupa más la salud de su madre cuando supiera que su hijo había sido apresado. La importancia que trasciende todo margen de trivialidad moral queda explicito cuando Raskólnikov sólo desea saber acerca del estado de su madre, pero no llega a ello, pues ésta muere en el transcurso del chico en la cárcel.

     

Dostoievski quiere escapar de la atmósfera de una “vida racionalizada hasta el extremo”, exige un universo más amplio que “el mundo escogido de los productos del pensamiento puro”, reclama los derechos de la persona espiritual, que no es solamente algo dado objetivamente sobre lo que muerde la razón. La evidencia racional es la de la vida en la superficie.


            Por eso Raskólnikov actuó como lo hizo. La quebradura moral llevada al extremo de lo inevitable. La razón quedó privada de un justo parámetro moral que merecía ser reemplazado por algo más prometedor. Raskólnikov viene a mostrar eso. Para finalizar insertaré una metáfora dentro de una que se explicó en el primer apartado. Supongamos por un momento que un grupo determinado de personas está en un cuarto viendo programas que transmiten cierto género de ideologías, pero lo que ellos no saben es que esos programas los producen gente que se dedica solamente a mentir.

            Entonces, llega un súper-hombre, alguien como Raskólnikov a unirse a ellos sólo para mostrarles la falsedad de su estado, un prolongado estado que puede ser modificado con la voluntad de poder, con la voluntad de creer en algo más que puede ser fehaciente, prometedor por sí solo. Para llegar a ese estado el súper-hombre es hombre mismo con la facultad de reflexionar el error moral, de darse cuenta de que están frente a una “falsa pintura” que necesita ser borrada. Se reúne con ellos y desvía su atención a donde lo desea, conduciéndolos al exterior mismo.

            Una individualidad remarcada, personalizada por el destino y escogida por su deseo de ir más allá. El amor a la verdad de la vida es lo que mueve a este singular individuo a un destino que sólo él puede entender, aceptar y desarrollar como nadie más. Cuando el súper-hombre exhorta a la gente a su alrededor a salir de ahí, a que comprueben el jardín que tienen ante sí, el jardín ideológico cambiante y real que necesita de una creencia sólida en valores antiguos es que suceden las confrontaciones personales.

            “Si no hay Dios todo está permitido”[64] lo que sería una frase muy similar que, al momento de escucharla, también causa conmoción y nos sumerge en una profunda reflexión acerca de nuestra propia e intrínseca naturaleza humana: Nada es verdad, todo está permitido. El sujeto que corrompe de falsedades a la multitud, envuelto en su manto negro, asemejado a Zaratustra, provee la nueva verdad a la multitud. El destino está casi completado para insertar la proposición de nuevos valores morales que despejen las más profundas dudas en el interior del espíritu humano.

            El camino está iniciado y sólo el elemento más poderoso capaz de guiar al ser humano a su felicidad personal está presente y quizá pueda ser capaz de cumplir su objetivo en el destino del súper-hombre: su salvación personal que da pie a otros caminos. Es el amor por la vida aquí mismo lo que impulsa al súper-hombre (Raskólnikov) a demostrarle a su comunidad que pueden superar lo impuesto. Algunos lo verán mal, lo insultarán, otros quizá no creerán nada de lo que él diga o haga, pero habrá muchos otros que lo sigan inspirados por su capacidad individual de eliminar lo falso, lo que insta a abandonar lo que tenemos, lo que somos y aquello por lo que luchamos.

            Hablamos aquí de un amor más profundo que el amor por una persona en particular, es un amor por la vida misma, un amor por querer descubrir que hay un mundo allá afuera, que está para ser descubierto para aprender en él. Una vez que el súper-hombre los invita a su propio recorrido ya que sabe que éste no es peligroso, está dispuesto a enfrentar toda clase de contingencias, con tal de pregonar la verdad del mundo: la vida es para los fuertes, y los deseosos de hacer algo más allá. Pero eso no es todo, pues está la posibilidad de la variación de una opinión colectiva, que puede poner en entredicho lo que el súper-hombre viene a proclamar.

            El amor es lo que une, lo que fortalece, lo que nos hace crecer y evolucionar. De ahí que podemos decir que es el amor lo que puede sobrevivir al final de cada situación, como el amor de Raskólnikov por sus seres queridos aun después de pagar por sus errores. Pero, ¿qué tiene que ver el amor con el súper-hombre? ¿Qué clase de amor puede él llegar a sentir? El amor por la vida misma, claro, el amor que lo levanta, que lo motiva a cumplir sus fines, evidentemente.

            El recorrido del súper-hombre por demostrarse llega su fin al alcanzar su objetivo: mostrar al mundo que la moral en la que se basaron por siglos ha caído. Ahora ésta debe ser reemplazada por algo más novedoso, más prometedor. Dios, valores, costumbre, colectividad, no es que deba ser eliminado, sino que son conceptos que deben ser sustituidos por otros similares pero adecuados a un contexto moderno, actual, que responda a las necesidades de la gente. Eh ahí el trabajo del súper-hombre.

            La labor del súper-hombre está marcando, al quebrar la moral de la época, una nueva pauta histórica para la humanidad, donde el camino sea renovado por una nueva senda que otorgue un nuevo punto de vista al ser humano, un enfoque desde el cual apreciar mejor sus fallas personales. Si el súper-hombre no se atreviera a más, como ya hemos dicho antes, la humanidad seguiría formulando expectativas axiológicas que no llevarían a nada. Mantendrían un mismo segmento ideológico y un horizonte “viejo” al cual sujetarse, dependerse como si fuera una estatua a la cual venerar.

            Es por ello que el súper-hombre ha aparecido. Su valor, su fuerza, su poder son lo suficientemente capaces de provocar una huella, una duda, un misterio en lo más profundo del espíritu humano y con ello forjar nuevos lazos, nuevos caminos que fungen como una re-estructuración, como un paso más en la evolución humana. Como lo expresa Dostoievski:


Raskólnikov no sabía que esa vida nueva no se le vendría a las manos en balde, que habría de pagarla y le costaría una gran proeza en el futuro…

   Pero aquí arranca otra historia, la historia de la gradual renovación del hombre, la historia de su regeneración gradual, de su gradual transición de un mundo a otro, de su iniciación en una realidad totalmente desconocida hasta entonces. Esto podría ser de tema para un nuevo relato; pero este relato nuestro de ahora ha terminado.[65]


            Y así es, tal y como vemos que lo planteó Dostoievski, la ejemplificación nietzscheana de que el hombre divino, el hombre dispuesto a mantener la idea cristiana a flote debe ser suplantado por algo nuevo. Ese camino, esa raza ha terminado. El hombre es algo que debe ser superado, dejado atrás. Su lado salvaje, su lado aventurado, el súper-hombre ha llegado. Pero, ¿qué sigue después?

El mundo en el que cual se encuentra Raskólnikov es un mundo donde la comunión es casi lo primero, la tendencia de las almas desoladas buscando salvación en un mundo criminal, donde es necesario actuar para lograr algo más allá de lo que conocemos. El nombre mismo de Raskólnikov indica esto, pues éste viene de “Raskel” que significa cisma, escisión. El crimen que comete le ha separado de cuanta persona conoce, tanto de familiares como de amigos; su orgullo, su doctrina, es el motivo de su alejamiento personal, de ahí que Sonia le pida haga penitencia. Raskólnikov ha sido desterrado de la humanidad por el destino que le fue conferido: demostrarse a sí mismo el súper-hombre que puede llegar a ser. Después podrá reintegrarse al universo que dejó tras la huella, la calma de su corazón.   


Este mundo terrestre, el mundo objetivo de la sociedad humana es un mundote separación y de soledad, como pueden ser las realizaciones “comunitarias”. Es un mundo de pecado. Dostoievski no se opone a que se mejore, pero nos advierte que este mejoramiento, en sí mismo, no sirve en absoluto para resolver el problema del hombre y de la comunión humana. [66]


            El problema que implica valores que no pueden seguir siendo tomados en cuenta. Necesitan ser sustituidos. ¿Por qué otra cosa? Aquí se presenta una nueva teoría. ¿La teoría de una nueva moral? ¿De un nuevo mundo? ¿De nuevos principios? Todo eso y mucho más. Al cometer el crimen Raskólnikov anuncia la interfase de una nueva etapa en la humanidad, sólo que él no se percata completamente de ello, sino que se deja arrastrar poco a poco por un emblemático movimiento que conlleva en su interior, el cual no está del todo claro.

            De ahí que se diga “Raskólnikov no sabía que esa vida nueva no se le vendría a las manos en balde”[67], porque es justo eso: el hecho de que las acciones del súper-hombre Raskólnikov significan algo, pero no sabe qué es ese algo hasta después o quizá nunca, lo que prevalece, lo que importa es su impacto en la cultura, en la humanidad misma. Por ello “que habría de pagarla y le costaría una gran proeza en el futuro…Pero aquí arranca otra historia, la historia de la gradual renovación del hombre…”[68].

            ¿Qué implicaciones puede esto tener? La supuesta futura reintegración de Raskólnikov al mundo presupone algo más que su propia salvación. Ésta implica el inicio de una nueva identidad, un nuevo amanecer. Como súper-hombre, sus acciones valen, y ese valor es el que está inmerso en el acontecer continuo, por eso es tan importante su obra. En lo profundo de su ser Raskólnikov sabe que algo está mal, pero no consigue advertir del todo qué es.

            ¿Qué sigue? Muy simple: Sus acciones simbolizan una representación. La representación de un nuevo amanecer para la humanidad. El poder de un individuo para cometer crímenes desencadena una serie de reflexiones fácticas en la moral que nos hacen cuestionarnos de qué sirven las reglas, o más profundo todavía: Cuestionar hasta qué punto se da el regimiento a nuestra sociedad. Para acabar, ¿cuál es el verdadero impacto de Raskólnikov en la humanidad tras su crimen? La respuesta puede ser sencilla, todo depende de cómo sea vista: Se acerca el período donde el hombre necesite renovar su interacción con otros. Necesitamos seguridad en nosotros mismos, voluntad, poder, libertad, acción, necesitamos un mundo donde la ética y la moral no estén sobre-valoradas.

 Se dice que los valores ya no son suficientes. Entonces necesitaremos un súper-hombre que nos saque de nuestro error, que nos muestre el camino a una nueva realidad, una que sea duradera. Y, ¿qué encontraríamos o esperamos encontrar ahí?  La interacción con el individuo mismo marca una fase nueva que es conveniente analizar. Esta fase propone nuevos principios que pueden ser analizados, pero también implica una acción pro-activa de los mismos.

¿Qué es lo que está fallando? El modo como nos relacionamos con los demás. Si lo modificamos quizá se logre un cambio similar y más positivo que el que Raskólnikov propuso con sus propias acciones. Un nuevo mundo lleno de posibilidades alternativas donde las elecciones toman cara en nuestros espíritus y donde el crimen toma un giro, un significado distinto. El ser humano necesita volver a auto-determinarse. El planteamiento de Raskólnikov en el fondo: Necesitamos nuevas relaciones humanas. 


CONCLUSIONES

 Un individuo. Un camino. Un destino. Un mundo. Necesité partir desde lo básico en la humanidad: la formación inter-personal del individuo con sus semejantes para poder plantear la sugerencia del estrato más alto: Es necesario reformular el modo como vemos al otro. La relación humana que sostenemos con la otra persona, pues a mi juicio este proceso es complejo, pero muy interesante.

            También fue algo ingenioso basarme en Crimen y Castigo para ejemplificar esta situación desde sus inicios. El individuo soberano de sí mismo que corrompe la ley en el universo en que está, invirtiendo la necesidad de reformular aquello que encuentra incorrecto. Después del crimen, viene la contrición por sus actos, y esto según como sea el individuo, según como se vincule con sus semejantes. De ahí se estaría pasando al comportamiento taciturno, al sereno, para pasarse a la violencia, a la recriminación, al argumento de por qué obrar como lo hace.

            ¿Puede el amor ser capaz de liberar de su culpa al súper-hombre, ejemplificado en Raskólnikov? El destino le ha llegado, el destino de sus acciones. Éstas marcan un contraste en su propia integración contra el amor, contra el perdón. Raskólnikov paga por su crimen, pero ¿Podría ser éste disminuido por un sentimiento humano positivo que aminore el daño de las acciones, del error?

            Dunia y Sonia ejercen una muy sutil influencia en Raskólnikov, una influencia que, ya estando en la cárcel, vemos crecer de una manera lenta pero segura. El amor es capaz de marcar una pauta aún más profunda que cualquier otro sentimiento o emoción humana que nos orille hacia actos imprudentes. ¿Dónde quedaría la culpa? Acompaña este proceso, pero el amor se re-afirma de una manera suprema.

            Entonces viene la confrontación, y ésta implica más, aún más. No sólo hablamos de la confrontación del individuo con sus semejantes, sino también con él mismo, con su yo interno, con su esquema de pensamiento, con su propia integración en el estar ahí. El forzar las cosas para que una persona se sienta segura y capaz de cometer un cierto acto que conlleva un notable impacto en la sociedad  que desemboca en un análisis formulado por la misma sobre qué es lo que se está intentando decir: Necesitamos cambio. Una renovación. La búsqueda de nuevos principios humanos que representen una axiología duradera en el tiempo en que vivimos ¿por qué?

Porque si el súper-hombre viene a suplantar al Dios que nunca existió. Porque cuando en Zaratustra se dice “Dios ha muerto” como ya hemos venido mencionando desde el inicio de este recorrido, lo que formula, lo que enuncia Nietzsche al intentar arrancar esa “verdad” lo que está haciendo es mucho más complejo en interesante aún, y ese motivo es al mismo tiempo el objetivo más profundo de esta investigación: Cuando muere Dios, con él muere la época de los antiguos valores que creíamos seguían presentes con nosotros y que nos conducían por un camino de engaño.

Al proponer un camino de estrategia, un camino que reivindique a la humanidad y exhiba o libere su verdadera naturaleza vigorosa, lo que el súper-hombre intenta hacer es que la humanidad renuncie a aquello que la retiene de caminar hacia su propia verdad, si es que puede haber tal. Una que sostengan lo que ya tenemos, otorgándole un nuevo sentido, el sentido de un cambio que implique un reformulamiento colectivo con una pretensión: Nuevas relaciones humanas.  



Bibliografía.

 Obras consultadas


Fuentes directas

1.-  Dostoievski, Fiódor, Crimen y Castigo, Cátedra, Madrid, 2009.

2.-  Friedrich, Nietzsche, Así habló Zaratustra, Editorial Oriental, 1983.



Fuentes indirectas.

1.- Bajtín, Mijaíl M, Problemas de la Poética en Dostoievski, FCE, México, 2003.

2.- Valladier, Paúl, Nietzsche y la Crítica al Cristianismo, Editorial Cristiandad, Barcelona, 1982.

3.- Henry de Lubac, El Drama del Humanismo Ateo, Encuentro, Madrid, 2004.

4.- Xirau, Ramón, Introducción a la historia de la filosofía, UNAM, 2009.




[1] Henry de Lubac, El Drama del Humanismo Ateo, Madrid, 2004, p. 41.
[2] Friedrich, Nietzsche, Así habló Zaratustra, Editorial Oriental, 1983, p. 57.
[3] Valladier, Paúl, Nietzsche y la Crítica al Cristianismo, Editorial Cristiandad, Barcelona, 1982, p. 28
[4] De Lubac, H, op.cit., p. 34.
[5] La escisión característica entre ambos es necesaria y lógica, pues al ser distintos se crea un vínculo más profundo entre ambos que lleva a una consecuencia lógica de su destino dualista.
[6] Nietzsche, F, Así habló Zaratustra…, p. 382.
[7] Ibidem, p. 124.
[8] Cfr,. El Drama del Humanismo Ateo.,p. 38.
[9] Ibidem, p. 36.
[10] Todo pensador profundo teme más ser comprendido que mal comprendido. En este último caso su vanidad sufre quizás. En el primer caso el que sufre es su corazón, su simpatía, que dice siempre <<¡Ay! ¿Por qué queréis que el camino os sea tan penoso como a mí?>>
[11] El primer hombre que encuentra Zarathoustra al descender de su soledad es un viejo que pasa su vida en el bosque cantando alabanzas al Señor. <<¿Qué presente nos traes tú?>>, pregunta el santo hombre al profeta. Zarathoustra le responde: <<¿Qué había de daros? ¡Dejadme partir de prisa para que no os robe nada!>> De nuevo sólo se dice: <<¿Será posible? El viejo santo, en su bosque, no ha oído todavía que Dios ha muerto>>.
[12] Valladier, P, op.cit, p. 39.
[13] F. Nietzsche, op.cit., p. 382.
[14] Ibidem, p. 34.
[15] Ibidem, p. 49.
[16] De Lubac, H, op.cit,…p. 48.
[17] Xirau, Ramón, Introducción a la historia de la filosofía, UNAM, 2009, p. 388.
[18] Valladier, P, op.cit, p. 29.
[19] Ibidem, p. 28.
[20] Nietzsche, F, op.cit., p. 383.
[21] Valladier, P, op.cit, p. 34.
[22] Ibidem, p. 40.
[23] Vid supra, p. 3.
[24] De Lubac, H, op.cit. p. 35.
[25] Tenemos este elemento de la necesidad, que bien puede ser querer cambiar u obtener algo. En Psicología una actitud suele ser la representación de querer tapar algo o sustituirlo en su lugar; disimular o imitar, pero a veces, más que nada, es el hecho de las carencias que vamos arraigando en nuestro pasado lo que enfatiza nuestras carencias actuales. En el caso de Raskólnikov pues, naturalmente, el deseo de ser más, de obtener más para cambiar el estado de su vida, la persona en que se convirtió. 
[26] Fiódor Dostoievski, Crimen y Castigo, Cátedra, Madrid, 2009, p. 135.
[27] Tanto la familia de Raskólnikov como los mismos agentes de policía, el agente, entre otros, funcionan dentro de este mismo universo, es decir, tienen un rol, un papel que sirve de estímulo en relación al súper-hombre que está despertando personificadamente dentro de Raskólnikov.
[28]  Dostoievski, F, op.cit., p. 240.
[29] Ibidem, p. 378.
[30] Ibidem, p. 326.
[31] Ibidem, p. 356.
[32] Ibidem, p. 358.
[33] Ibidem, p. 360.
[34]  H. De Lubac, op.cit., p. 222
[35] Idem.
[36] Ibidem, p. 223.
[37] Ibidem, p. 224.
[38] Ibidem, p. 40.
[39] Dostoievski, op.cit., p. 363.
[40] De Lubac Henry, op.cit. p. 225.
[41] Idem.
[42] Supra, p. 21.
[43] Dostoievski, F., op.cit. p. 685.
[44] Idem.
[45] Supra, p. 19.
[46] F. Dostoievski, op.cit., pp. 666-667.
[47] Idem.
[48] Vid, supra, p. 17
[49] Vid, supra, p. 20
[50] De Lubac, H., op.cit. p. 41.
[51] Idem.
[52] Idem.
[53] Ibidem, p. 222.
[54] Ibidem, p. 223.
[55] Ibidem, p. 230.
[56] Ibidem, p. 232.
[57] F. Dostoievski, op.cit., p. 540.
[58] Ibidem, p. 685.
[59] De Lubac, H., op.cit., p. 232.
[60] Ibidem, p. 233.
[61] Ibidem, p. 239. 
[62] F. Dostoievski, op.cit., p. 655.
[63] Drama humanismo ateo, p. 241.
[64] Ibidem, p. 245.
[65] Dostoievski, F, op.cit., p. 701.
[66] De Lubac, H. op.cit., p. 272.
[67] Dostoievski, F, op.cit., p. 701.
[68] Idem.

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