Las diabólicas. Sharon Stone tiene un as bajo la manga, pero muy debajo...


Aquí, en las dos horas con cuarenta y siete minutos, la referencia al filme original escrito y dirigido por Clouzot seguro ha de tener sus libertades, así como las apuestas en favor de una narrativa más realista, sin perder la esencia del Thriller psicológico. Bien lo ha definido Robert McKee: El Psicodrama y el género policiaco dan como resultado el suspense psicológico. Sólo que para la versión que ahora me ocupa, y de la que quiero contarte, Jeremiah Chechik ha recurrido a los talentos indiscutibles de Sharon Stone (sí, la que posteriormente fue villana en la película Gabútela de 2004) y de Isabelle Adjani para llevar a buen puerto una historia de crimen, culpabilidad y honestidad, donde el drama lidera una atmósfera de miedo clásico gracias a las motivaciones de sus protagonistas. 

Te platicaré poco: Guy Baran (Chazz Palminteri) es un cruel esposo y director de escuela que trata muy mal a su esposa Mía (Adjani), y para hacer más increíble y cínico el asunto, tiene una amante, Nicole (Stone) a la que también trata como basura. Ellas se alían y deciden matarlo como única opción para salvarse de sus garras. 

Y al decirte que te contaré poco es porque con esa brevísima sinopsis haré lo posible por interesarte en la cinta, que por cierto está bien escrita y dirigida. Y si crees que lo que te conté es todo, pues no. La trama es un poco más compleja, ayudada por una correcta construcción de personajes. Te puedo decir que Stone realmente se luce como una antiheroína, especialmente por las dimensiones que le otorga a su personaje: por momentos amable, en otros fría e implacable, después de ruda, también astuta, pero siempre motor de una película que en varias de sus partes se siente prolongada, y esto en parte por su co-protagonista, Mia Baran quien, aunque actúa bien en el papel de la inocente, parece ser más lastre emocional, dejándole todo el esfuerzo intelectual y emocional a su compañera. 

Posiblemente a diferencia de la original, aquí la película obedece más a lo que no se dice por encima de lo que sí, al "subtexto", a lo que las escenas callan; otra forma de decir que mucho de lo que se narra está implícito y el espectador tiene que poner más esfuerzo para leer las motivaciones de sus personajes: una es la inocente esposa que quiere librarse del esposo cruel que tiene, la otra salirse con la suya y el esposo, que finalmente es la causa de todo su maquiavélico plan, el cual es tomado como análisis de la reputación social; ángulo que el director aborda con delicada tensión para hacer del entorno de las protagonistas un sitio donde nada es lo que parece. Eso sí, el director presenta bien a los personajes todo el tiempo los seguimos, entendemos lo que sienten y compenetramos con ellos. Además de la sutileza que emplea en su narrativa -deduces quién es el culpable, y aun así disfrutas la historia-, tenemos la transvaloración de vida y muerte. No hay escena en la película donde el agua no esté implicada, y si bien este elemento natural es señal de vida, como leí antes, el director consigue revertir su valor: siempre que vemos agua, en el filme, sentimos el miedo, la tensión, la muerte acechando, e igual las protagonistas ante el secreto que deben guardar. 

Una película interesante, con el estereotipo del ingenuo como "contra-paradigma" y la astucia como antagonismo. Algunas de sus secuencias son largas, como toda historia clásica, pero si no se le busca demasiado, puede entretener fácilmente, sobretodo por el carisma de Stone. Se la rifa. 


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